martes, 28 de julio de 2026

Hay días de exploración que se quedan grabados no solo en la cámara, sino en la memoria. Era el 7 de junio de 2009 cuando nuestros pasos nos llevaron de nuevo a Puerto Mejoral. Veníamos aún con el cansancio acumulado de aquella calurosa e inolvidable jornada de mayo en la Ermita de Belén y el Morro de la Soriana, donde las fuerzas amenazaron con fallarnos a medio camino. Sin embargo, la hospitalidad de un vecino —de esos que abren su puerta y su conocimiento sin pedir nada a cambio— nos devolvió el aliento para cumplir nuestra misión: desentrañar los secretos que aún custodia este rincón del Frente de Extremadura.

En este artículo os invitamos a recorrer con nosotros dos singulares nidos de ametralladora blindados y un entramado de trincheras que resisten el paso del tiempo. Acompañadnos en este viaje al pasado a través del archivo fotográfico que recuperamos aquel día y descubrid por qué la historia de La Serena aún tiene tanto que contarnos.


Con la mochila bien ajustada a la espalda y las coordenadas por fin fijadas en Google Maps, nos pusimos en marcha. El ambiente estaba cargado de esa emoción pura que precede a un descubrimiento. 

A mi lado caminaba el amigo Carlos, que por aquella época era apenas un crío, pero con los ojos brillantes y un hambre insaciable de aventuras. 
Mientras avanzábamos, le iba relatando los detalles de nuestra expedición, contagiándole la pasión por la búsqueda. La recompensa no se hizo esperar: de pronto, se alzó ante nosotros el primer búnker. 
Un imponente nido de ametralladoras, de hormigón y silencio, que aún hoy domina estratégicamente toda la línea ferroviaria entre Cabeza del Buey y Castuera forma parte de la histórica línea Ciudad Real-Badajoz, con una distancia de unos 28 kilómetros. El corazón nos dio un vuelco; allí estábamos, frente a frente con la historia.
 
Texto generado en su mayoría por inteligencia artificial.

El tiempo, sin embargo, es un río implacable que no se detiene ante el hormigón.

Pasaron los años, y el paisaje, aunque inmutable en su esencia, fue testigo de nuestro propio envejecimiento. La segunda imagen nos muestra de nuevo en el mismo lugar, frente al mismo búnker desgastado por la intemperie. Pero esta vez, el contraste es palpable. El hormigón muestra nuevas grietas, como arrugas que cuentan sus propias historias. Y nosotros… bueno, nosotros también llevamos las marcas del tiempo. Los cabellos grises son más visibles, las arrugas en nuestros rostros se han profundizado, y Carlos… Carlos ya no es el crío que anhelaba aventuras. Es un hombre, con la mirada curtida y la compostura de quien ha visto más mundo. Pero mientras tanto, el búnker sigue ahí, una mole inamovible de la que cuelgan ecos silenciados, resistiendo el paso de los siglos y el olvido.

 
Nos quedamos en silencio, apoyados en los mismos muros que una vez nos intimidaron, y sentimos la inmensidad del tiempo. La primera imagen fue el punto de partida, la promesa de una búsqueda compartida. La segunda es el testimonio de esa promesa cumplida, de un viaje que comenzó con un juego de niños y se transformó en un descubrimiento de nuestra propia historia y de la fuerza indomable del espíritu humano. El búnker resistió, y nosotros también, unidos por un vínculo que el tiempo, lejos de desgastar, solo había fortalecido. Nuestra mochila, una vez llena de ilusiones, ahora estaba cargada de recuerdos y de una profunda comprensión: que la historia no está solo en los libros, sino en las grietas del hormigón, en el viento que sopla sobre la estepa y en los corazones que aún se emocionan al descubrirla.
 
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Imagina caminar por una ladera aparentemente vacía, donde el viento solo silba entre la hierba seca y las jaras bajas. Crees que estás rodeado únicamente de naturaleza y montañas inmutables. Pero, de repente, la tierra se levanta. No es un promontorio natural; su textura es demasiado regular, demasiado dura. Es hormigón. Es historia pura que emerge ante tus ojos.
 
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La primera imagen te hiela la sangre. Estás frente a una cúpula de cemento, rugosa como la piel de un gigante dormido. La luz del sol golpea su superficie, revelando las cicatrices del tiempo y de la intemperie. No es solamente una estructura; es un testigo. Te acercas y notas una hendidura central, una pequeña perforación. Te das cuenta con un escalofrío de que ese agujero ciego fue una vez un ojo que vigilaba este mismo valle, buscando el peligro en el horizonte. ¿Quién estuvo ahí de pie, con el corazón en un puño, mirando a través de esa rendija?
 
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Rodeas la estructura y descubres su secreto. Allí, a la sombra de la cúpula, se abre un acceso. La imagen te muestra el momento exacto en que la aventura cobra vida: un joven explorador se asoma desde el interior. Lo que una vez fue un nido de ametralladoras, un lugar diseñado para la defensa y el conflicto, hoy es un portal para la curiosidad. La mirada de la persona dentro de la penumbra conecta el presente con el pasado. Puedes sentir la frialdad del cemento que le rodea y el eco silenciado de voces que se desvanecieron hace décadas.
 
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Al alejarte un poco, la magnitud de la estructura se revela. El búnker se asienta desafiante contra el paisaje montañoso, rodeado de arbustos y maleza que han intentado, sin éxito, devorarlo. Es una mole de ingenio militar que se resiste a desaparecer. Estas ruinas no son silenciosas; gritan historias de un tiempo convulso que no debemos olvidar. Cada grieta en el cemento es un capítulo.
 
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El Mensaje Tallado

Y justo cuando crees que lo has visto todo, la historia te susurra un secreto final. Un plano detalle revela algo conmovedor tallado en la propia piel del búnker. Son números y letras: "14 Γ Δ Z". No son marcas de fábrica; son una huella humana. Alguien, quizás un soldado esperando en la monotonía, decidió dejar su marca aquí. "Yo estuve aquí", nos dice desde el pasado. Esta pequeña inscripción transforma el cemento frío en una experiencia personal y nos obliga a preguntar: ¿Quién era él? ¿Qué pensaba mientras tallaba esas letras?

Descubrir este búnker es solo el principio. La zona está llena de estos guardianes olvidados. Cada uno tiene su propia forma, su propia cicatriz, su propio mensaje esperando a ser leído. ¿Te atreves a seguir el rastro y descubrir qué otros secretos aguardan en estas colinas? La historia está aquí, a tus pies.

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Para entender verdaderamente lo que significaba estar dentro de uno de estos nidos de ametralladoras, hay que dejar de verlos como simples bloques de hormigón y empezar a sentirlos como lo que fueron: prisiones de supervivencia.

La angustia de la inmensidad: Si observamos la perspectiva lejana en la primera imagen, el búnker parece un pequeño caparazón perdido en la vastedad de la llanura, con la montaña como único testigo mudo. Para los soldados apostados allí, esa inmensidad no era un paisaje hermoso; era un océano de vulnerabilidad. Cada día que amanecía, el campo abierto se convertía en un escenario donde cualquier movimiento en el horizonte podía significar el final. La soledad allí debía ser abrumadora. Estaban aislados del resto del mundo, conectados solo por el hilo invisible del deber y el miedo.

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El abrazo asfixiante del cemento. Al acercarnos a la estructura, como se aprecia en el segundo y tercer plano, el peso psicológico del lugar se hace evidente. Imagina ser uno de esos jóvenes, obligado a arrastrarte hacia ese interior oscuro y estrecho. La cúpula sobre sus cabezas, gruesa e implacable, era su única salvación contra la metralla, pero también una losa que los sepultaba en vida.

Allí dentro, los sentidos se alteraban:

  • El clima extremo: El hormigón es un conductor despiadado. Durante el día, bajo el sol implacable, el interior se convertía en un horno asfixiante donde el sudor se mezclaba con el polvo. Por las noches, el cemento irradiaba un frío que calaba hasta los huesos, haciendo que las horas de guardia fueran una tortura silenciosa.

  • El olor del miedo: El espacio reducido obligaba a convivir con el olor a pólvora, a tabaco barato, a humedad y al sudor frío del pánico contenido. Era una intimidad forzada donde nadie podía ocultar su terror.

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Miguel siempre había sentido una conexión extraña con las colinas que rodeaban este pueblo. No era solo la belleza árida del paisaje, sino el eco de una historia silenciada que se filtraba entre las grietas de la piedra. Su chaleco utilitario, lleno de múltiples bolsillos que normalmente guardaban linterna, una brújula y un par de herramientas de geocaching, hoy parecía un uniforme involuntario. Se había convertido en el "Vigilante de la Memoria".

Esa mañana, tras un largo camino bajo el cielo azul cobalto salpicado de nubes dispersas, llegó a la cima. Allí, como un monstruo dormido pero aún imponente, descansaba el búnker. Su estructura abovedada de hormigón rugoso, curtido por décadas de sol y lluvia, estaba cubierta de líquenes de color gris pálido.

Miguel se detuvo, sintiendo el peso de la historia antes de ascender. Se sentó a horcajadas en la parte más alta de la estructura, como un gigante bondadoso sobre el techo de un mundo olvidado. Sus manos robustas, que habían encofrado estructuras de edificios, descansaban sobre sus muslos. Miró fijamente a la cámara, con una expresión firme pero reflexiva, no como un soldado en guardia, sino como un guardián de la paz.

Debajo de él, grabada a mano en el hormigón desgastado,estaba estaba el escudo del cuerpo de ingenieros. Era un agujero en la tela del tiempo. Sus botas de montaña, embarradas por el ascenso, contrastaban con la superficie inamovible del búnker.

"Setenta y un años", murmuró para sí mismo. "Y aquí sigues".

A través de la pequeña abertura (visera de observación/disparo) que se abría justo debajo de su posición, Miguel imaginó a los soldados. Sudorosos, asustados, vigilando un horizonte que ahora él veía en perfecta paz, tal vez a unos metros de donde él estaba sentado, mirando el mismo cielo azul y soñando con un futuro en el que su familia pudiera sentarse allí, no a matar, sino a recordar.

Miguel no llevaba armas en su chaleco. Sus bolsillos contenían un pequeño cuaderno donde anotaba las coordenadas de los búnkeres olvidados y una pequeña bandera blanca doblada que a veces colgaba de la visera, un gesto silencioso de reconciliación.

Se quedó allí mucho tiempo, el viento susurrando historias que solo él podía entender. El búnker ya no era una estructura de guerra, sino un monumento al silencio y a la fragilidad de la paz. Miguel, con su ropa de campo utilitaria, se sentía un centinela involuntario, pero necesario. Había cumplido su “guardia”. Con un último y respetuoso vistazo al escudo grabado, se levantó, dejando el búnker en paz bajo el cielo que tanto había visto.

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El mundo reducido a una franja. Quizás el sentimiento más intenso era el que nacía al mirar por esas estrechas aberturas horizontales. Su mundo entero, su pasado y su futuro, se reducía a esa fina franja de luz sobre el campo seco. La guerra en estos búnkeres estaba hecha de un 90 % de espera agónica y un 10 % de terror absoluto. Horas, días y semanas escrutando la maleza, con los ojos ardiendo por el esfuerzo y el corazón latiendo desbocado ante el movimiento de un simple arbusto agitado por el viento.

Detrás de esos muros no había héroes de acero; había seres humanos que temblaban, que extrañaban sus hogares, que rezaban en susurros y que se aferraban a sus compañeros en la oscuridad, sabiendo que el hormigón que los protegía también podía convertirse, en cualquier momento, en su propia tumba.

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La Trinchera Olvidada de Sierra Buitrera

Dejando atrás el hormigón: Tras completar la documentación fotográfica de los búnkeres de hormigón reforzado en la posición anterior, nuestra expedición se adentró en terreno más escarpado. Nos dirigimos, siguiendo pistas previas, hacia las cotas más altas de la Sierra Buitrera.

El hallazgo en la ladera: La información era precisa. Al alcanzar una curva de nivel específica en la falda de la sierra, entre la densa vegetación de matorral mediterráneo, localizamos los vestigios de una antigua línea defensiva.

La Trinchera Interpretada: Esta imagen captura el momento exacto en que me encuentro de pie sobre la estructura. Como podéis apreciar, no se trata de una fortificación de hormigón como las anteriores, sino de una trinchera de mampostería en seco. Estoy posicionado sobre la pirca (pared de piedras apiladas), que, aunque derruida y erosionada por el tiempo, aún dibuja claramente el parapeto defensivo. Llevo mi camisa de color claro y gafas, y sostengo un objeto (quizás una pipa o ajustando un detalle) mientras asimilo el hallazgo.

Dominio visual del terreno: Lo más impresionante de esta posición, y que la foto ilustra a la perfección detrás de mí, es el valor estratégico de las vistas. Desde este punto exacto, se tiene un dominio visual absoluto sobre la vasta llanura agrícola, los campos de cultivo y la vega que se extiende hasta las colinas en el horizonte lejano. Es fácil imaginar la función de vigilancia y control que cumplía este puesto en su momento. Estamos, literalmente, pisando la historia mientras contemplamos el paisaje que una vez fue zona de conflicto.

Espero que este texto refleje bien la transición y el significado de la foto.

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A medida que ganábamos cota, la densa vegetación de matorral mediterráneo parecía querer ocultar los secretos del cerro. Sin embargo, siguiendo las curvas de nivel, la historia emergió entre la maleza.

Como se documenta en nuestro recorrido (ilustrado en las imágenes 47.jpg y 59_2.jpg), nos encontramos caminando directamente sobre la línea principal de una extensa trinchera. A diferencia de los búnkeres de la llanura, aquí no hay encofrados ni cemento. Nos encontramos inmersos en una cicatriz tallada en la propia montaña.

Puerto Mejoral Castuera 05

Análisis histórico: La Estrategia de la Piedra Seca

La observación sobre el terreno nos permite extraer varias conclusiones históricas sobre el valor táctico de esta posición en la Sierra Buitrera:

  • Arquitectura de oportunidad y mimetismo: La imagen 49.jpg muestra un detalle crucial del parapeto. La trinchera está construida mediante la técnica de mampostería en seco (piedras apiladas sin argamasa), utilizando exclusivamente la cuarcita y la pizarra extraídas del propio terreno. Esto indica una fortificación rápida, probablemente excavada a mano por las tropas para establecer una línea de frente inmediata. Además, el uso del material local garantiza un camuflaje perfecto desde el aire o la distancia.

 

  • Adaptación a la orografía: En la fotografía 52.jpg, podemos observar cómo el trazado de piedra serpentea, adaptándose milimétricamente a la topografía de la ladera. Esta disposición no es casual; busca maximizar la protección frente al fuego enemigo, evitando líneas rectas que serían vulnerables a ataques de enfilada.

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La historia no solo se lee en los libros; se pisa, se toca y se respira en lugares como este. Explorar esta posición nos ha permitido dimensionar el esfuerzo y la dureza de las condiciones de quienes la construyeron y la ocuparon.

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En la cumbre de nuestra exploración (como refleja la foto 57.jpg, donde Miguel y yo posamos tras culminar el ascenso), el contraste es abrumador. A nuestras espaldas, la inmensa llanura descansa hoy en paz, dividida en tranquilos campos de cultivo que se extienden hasta el horizonte. Bajo nuestras botas, sin embargo, la humilde piedra apilada sigue recordando que este mismo mirador natural fue, décadas atrás, un bastión defensivo de vital importancia.

Documentar la Sierra Buitrera es rescatar del olvido de la maleza estas cicatrices de piedra, asegurando que la memoria del terreno perdure para las futuras generaciones.

José Pecero Merchán.

Contexto histórico.

El contexto histórico de la Sierra Buitrera (o Sierra de Pico Buitrera) y el Puerto Mejoral está íntimamente ligado a la reconfiguración del Frente Extremeño en la comarca de La Serena durante la segunda mitad del año 1938 y principios de 1939. Tras la rápida ofensiva franquista que logró el "cierre de la Bolsa de la Serena" en julio de 1938, esta zona escarpada se convirtió en un escenario bélico de primer orden.
A partir de las fuentes documentales y arqueológicas, este es el contexto histórico detallado de la zona:
1. La Contraofensiva Republicana (agosto-septiembre de 1938): Tras perder el control de la comarca, el ejército republicano lanzó un fuerte contraataque el 22 de agosto de 1938 con el fin de recuperar el terreno perdido. Este empuje logró hacer retroceder a los franquistas, trasladando la dureza de los combates a las inmediaciones de lugares como Cabeza del Buey, el Castillo de Almorchón y el propio Puerto Mejoral. Sin embargo, el avance de las divisiones republicanas fue frenado en seco por la frontera topográfica natural que conformaba el macizo montañoso de las sierras de Castuera, Benquerencia, Buitrera, Tiros y Almagrera.
2. La estabilización del frente y el encastillamiento franquista. Al no poder quebrar esta barrera natural, el frente se estabilizó en otoño de 1938. Las autoridades militares franquistas prestaron entonces una especial atención a la defensa del Puerto Mejoral y la zona del castillo de Almorchón, erigiendo una fuerte línea defensiva. Para ello construyeron:
  • Tres casamatas de hormigón orientadas hacia el este para repeler ataques. Dos se ubicaron pegadas a la vía del tren (en la finca "Cerro Merchán") y la tercera más al sur, muy cerca del Puerto Mejoral, dominando la ladera norte del cerro.
  • Una línea de trincheras de retaguardia que se extendía desde la vía férrea hasta las inmediaciones del Puerto Mejoral. Estas posiciones estaban unidas por caminos de suministro que fueron construidos utilizando la mano de obra forzada de los Batallones de Trabajadores (prisioneros republicanos). En este sector se hallaba también la "Casa de los Elías", utilizada por los soldados franquistas.
3. La Sierra de Pico Buitrera y sus trincheras kilométricas Justo frente al puerto, serpenteando de forma continua por la falda de la Sierra de Pico Buitrera, se construyó una inmensa trinchera de casi 600 metros de longitud.
  • Origen republicano y reutilización franquista: Los estudios arqueológicos y la documentación militar revelan que esta colosal zanja fue excavada originalmente por el ejército republicano. No obstante, la zona cambió de manos y se constata que fue reutilizada y adaptada por el ejército franquista durante las nuevas operaciones militares que tuvieron lugar en enero de 1939 (la conocida como Batalla de Valsequillo o Peñarroya).
  • En los extremos de esta extensa línea de trinchera se levantaron parapetos fuertemente realzados, además de construcciones destinadas al descanso de los soldados y a servir como puestos de observación fortificados.

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Valor patrimonial actual: Hoy en día, este conjunto conforma una de las zonas de arqueología militar más ricas de La Serena. Las enormes trincheras de la Sierra Buitrera quedaron espectacularmente a la vista tras un incendio forestal que arrasó el monte bajo que las ocultaba, revelando la magnitud de las obras bélicas. Por ello, ha sido integrada en las rutas del patrimonio histórico de la región (como la "Ruta del Puerto Mejoral a Castuera"), cuyo objetivo es mostrar los vestigios del campo de concentración cercano y la arquitectura del miedo que paralizó el frente hasta el final de la guerra.

 

martes, 5 de mayo de 2026

I Ruta de la Guerra Civil en Villafranca de los Barros



Agradecimientos y reflexiones

3 de mayo de 2026

Esta ruta surge a raíz del grupo de trabajo creado para la declaración de "Lugar de Memoria" en el muro donde fueron fusilados muchos paisanos de Villafranca y que aún conserva los impactos de bala en sus paredes. La iniciativa nació de José Antonio Calderón, quien la expuso en una reunión a Marta Escobar y a mí (Pepe Pecero), desde la Secretaría de Memoria Histórica y Democrática del PSOE de Villafranca de los Barros. Nos pareció una excelente idea y comenzamos a planificar el recorrido.

El proyecto se comunicó al área de Cultura del Ayuntamiento, dirigida por la concejala Miriam García Cabeza, y se acordó realizarlo el 3 de mayo. En un principio, la intención era celebrarlo durante la semana de la conmemoración de la II República, aunque por motivos de agenda fue imposible.


«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»

El inicio de la ruta

La ruta comenzó a las 10:30 de la mañana. Me correspondía a mí dar los agradecimientos a los organizadores, al Ayuntamiento y a los colaboradores, como es el caso de la Asociación de Memoria Histórica y Democrática de Tierra de Barros.

Yo, Pepe Pecero, autor de este artículo, era el encargado de realizar la presentación inicial de la ruta, la cual incluía el contexto histórico y los agradecimientos pertinentes. Sin embargo, debo confesar que el inicio no resultó como yo —y probablemente los asistentes— esperábamos.

Los nervios me jugaron una mala pasada y sufrí un auténtico ataque de pánico escénico. Debido a esto, simplifiqué tanto mi discurso que apenas recuerdo si llegué a dar las gracias por la asistencia o si me disculpé por el bloqueo del momento. Por ello, ahora que la calma me acompaña, quiero expresar con claridad todo lo que realmente deseaba transmitir en aquel instante:

Agradecimiento

Esta ruta nace de un grupo de trabajo de memoria histórica y democrática local. La idea original fue propuesta por José Antonio Calderón, enriquecida por Marta Escobar y desarrollada desde la Secretaría de Memoria Histórica y Democrática del PSOE de Villafranca de los Barros.

El proyecto fue presentado al área de Cultura del Ayuntamiento de Villafranca de los Barros —dirigida por Miriam García Cabeza (a quien pedimos disculpas por la errata en el apellido en borradores anteriores)—, contando además con la colaboración de la Asociación de Memoria Histórica y Democrática de Tierra de Barros, de la cual también somos socios.

Queremos hacer extensivo nuestro más sincero agradecimiento a:

  • José Antonio Calderón, por impulsar esta iniciativa.

  • Marta Escobar, por su motivación y aportaciones.

  • Miriam García Cabeza y el Ayuntamiento de Villafranca de los Barros, por su apoyo institucional.

  • La Asociación de Memoria Histórica y Democrática de Tierra de Barros, por su respaldo constante.

  • A todos los asistentes, por acompañarnos y mantener viva la memoria de nuestro pueblo.




Incidencias del recorrido

Cabe mencionar que el primer punto previsto, la central eléctrica, tuvo que ser suprimido del recorrido debido a la distancia. En ella, a consecuencia de los combates, aún permanece visible un impacto de metralla en la cerámica del cartel anunciador.


Segunda parada: La Iglesia del Valle

El recorrido nos llevó posteriormente a la fachada de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Valle. En este lugar nos detuvimos para observar los impactos de bala que aún se conservan en las paredes y en la ventana de la sacristía.

Durante aquellos días de conflicto, esta zona fue escenario de un momento de gran tensión cuando un grupo de milicianos disparó desde el antiguo Centro de Instrucción y Recreo hacia la ventana del templo, donde se encontraban retenidos los presos de derechas.

Afortunadamente, los disparos no impactaron en el interior y todos los presos salieron ilesos. Es fundamental recordar y destacar en este punto la intervención de Jesús Yuste, quien ejercía como alcalde republicano en ese momento, actuando con sensatez para proteger a los presos y evitar que sufrieran daños.




A continuación, la ruta nos llevó hasta la Plaza de España en dirección al museo. Durante este tramo, nos detuvimos para mostrar a los asistentes cómo era este espacio en aquella época, apoyándonos en materiales gráficos y documentales.

En concreto, enseñamos una fotografía histórica en la que se podía observar a las tropas y a los vecinos congregados en la plaza en aquellas fechas. Además, mostramos un documento de Falange para ilustrar el contexto del momento. Para compartir toda esta información de forma accesible y directa, utilizamos un iPad. Las fueron cedidas por Colecciones Fotográficas Pinilla-Montero. Pero al no tener yo el permiso, no las expongo, sintiéndolo mucho.

Tercera parada: El Museo Etnográfico de Villafranca de los Barros

Nuestra siguiente parada fue el Museo Etnográfico de Villafranca de los Barros. En la sala dedicada al siglo XX se encuentra una pieza de gran valor histórico y emocional: un cuadro de la Virgen realizado con tela e hilos por los propios presos que se encontraban retenidos bajo los órganos en el mismo edificio, que en aquella época albergaba la sede de Falange.

El cuadro —al que le falta la estrella de la parte inferior— fue rifado entre los presos una vez terminado. La suerte recayó en la familia de Constancio González y María del Valle, conocidos cariñosamente como "Coti". Durante décadas, la familia conservó la obra con profundo respeto, utilizándola como cuadro de cabecera.

Esta pieza está marcada por la tragedia de una familia golpeada por la represión. Cuando las fuerzas del orden acudieron a llevarse a sus dos hijos, Alonso y Ángel, Constancio, el padre, intentó detenerlos interponiéndose valientemente:

"Donde vayan mis hijos, voy yo".

Lamentablemente, aunque Constancio y su hijo Ángel lograron regresar a casa, no ocurrió lo mismo con Alonso. Él fue ejecutado ante las tapias del cementerio; sin juicio previo y sin culpa alguna, víctima de la implantación del terror por parte de las llamadas "nuevas fuerzas del orden".

La visita a este punto fue especialmente emotiva. "Coti" (así lo conocemos cariñosamente) se encargó de presentar el cuadro a los asistentes, y lo hizo de una manera excelente. Su intervención y la contemplación de la obra gustaron mucho y causaron un gran impacto en el grupo. Fue muy gratificante ver la satisfacción de los asistentes, quienes se mostraron sorprendidos por el valor histórico y humano de la pieza, comentando que era un testimonio desconocido para la mayoría.



Cuarta parada: Catalina Rivera y la represión al magisterio republicano

"Nos dirigimos ahora a la calle Llerena para visitar la fachada de la casa de Catalina Rivera. Este lugar constituye el cuarto punto de nuestro recorrido y está dedicado a la memoria de esta maestra republicana, quien fue víctima de la represión.

Como es bien sabido, los docentes fueron uno de los colectivos más castigados durante y después del conflicto; el magisterio de la República sufrió una persecución sistemática e implacable. A través de esta parada, buscamos rescatar del olvido la historia de Catalina y el sacrificio de tantos educadores que, como ella, vieron sus vidas truncadas por defender sus ideales."

Sobre Catalina existen testimonios que relatan cómo fue víctima de los falangistas locales, aunque, lamentablemente, quienes vivieron aquellos hechos ya han fallecido. En este punto de la visita, nuestra guía Marta realizó una labor excepcional: detalló con gran precisión la represión ejercida sobre la población civil y, específicamente, sobre el colectivo docente.

Marta nos puso en contexto recordando que el historiador Espinosa Maestre fue uno de los primeros en documentar este caso. También explicó cómo fueron falangistas de Villafranca de los Barros quienes fueron a buscarla. Gracias a las explicaciones de Marta y a la información de la aplicación, el contexto histórico queda perfectamente claro.

Cabe mencionar que este punto de la ruta es algo complejo de visitar debido al tráfico constante que circula por esta calle, lo que dificulta un poco la parada."



Quinta parada: La Comandancia Militar, el poder absoluto

Tras recorrer la calle Llerena, llegamos al quinto punto de nuestra ruta: la antigua Comandancia Militar. Durante toda la guerra, este edificio fue el verdadero centro neurálgico del control; aquí se "hacía y deshacía" a voluntad, ejerciendo una autoridad que se situaba incluso por encima del Ayuntamiento y de cualquier otro poder civil.

La presentación en este punto fue especialmente dinámica. Una vez que José Antonio tomó la palabra, la participación de los asistentes creció de forma natural, convirtiendo la explicación en un diálogo abierto y muy enriquecedor.

Aunque volvimos a enfrentar las dificultades propias del entorno urbano —el ruido constante del tráfico y el paso de vehículos—, el balance fue muy positivo. Aquellos con verdadero interés lograron sumergirse en la historia; y aunque siempre hay voces críticas, lo fundamental es que el mensaje llegó a su destino.

A medida que avanzábamos, la ruta se volvía más amena gracias a la creciente colaboración de quienes nos acompañaban. En definitiva, consideramos que ha sido un éxito total. Como en cualquier proyecto, siempre hay detalles que mejorar, pero la respuesta y el compromiso del grupo han sido, sin duda, lo más destacable de la jornada.

Aquí te detallo sus funciones principales para que comprendas por qué se dice que "hacía y deshacía" por encima de cualquier otra institución:

1. El epicentro del "Bando de Guerra"

Desde el momento en que la columna de Asensio tomó la población, la autoridad civil (el Ayuntamiento) quedó totalmente supeditada a la militar. La Comandancia era el lugar donde se ejecutaba el Bando de Guerra, un estado jurídico excepcional que permitía a los militares:

  • Dictar leyes locales inmediatas.

  • Controlar el orden público sin necesidad de jueces civiles.

  • Supervisar todas las actividades diarias de la población.

2. Órgano de control y represión

Como bien mencionaba tu texto, la Comandancia estaba por encima de todo. Sus funciones incluían:

  • Identificación y detención: Era el lugar donde se centralizaban las listas de personas consideradas "afectas" a la República, como el caso de la maestra Catalina Rivera o los miembros de sindicatos.

  • Gestión de las milicias locales: Coordinaba a los grupos de Falange (como los de Villafranca que mencionaste) que actuaban bajo supervisión militar para realizar las "sacas" o detenciones.

  • Justicia militar: Allí se decidía quién era procesado en consejos de guerra y quién sufría la represión inmediata bajo la jurisdicción castrense.

3. Gestión de la logística de guerra

Al ser un punto estratégico en la ruta hacia Madrid (Vía de la Plata), la Comandancia servía para:

  • Acuartelamiento y suministros: Organizar el paso de tropas y asegurar que el pueblo proveyera los recursos necesarios para las columnas que avanzaban hacia el norte.

  • Control de comunicaciones: Vigilar quién entraba y salía del pueblo, censurar el correo y controlar los suministros de alimentos.


En resumen

En una época donde la ley civil fue suspendida, la Comandancia Militar se convirtió en el único poder real. El hecho de que estuviera "por encima del Ayuntamiento" significa que el alcalde y los concejales de la época eran meros ejecutores de las órdenes que salían de ese edificio. Por eso, en tu ruta histórica, este punto es clave para entender cómo se desmanteló la democracia local para instaurar un régimen de control absoluto.



Sexta parada: El Torreón antiaéreo y Villafranca como retaguardia

En esta parada nos situamos ante el torreón defensivo ubicado en lo que hoy es el convento y residencia de las Madres Concepcionistas. Este lugar no es solo un hito arquitectónico, sino un testimonio clave de la defensa pasiva durante la guerra.

El frente a las puertas: El Valle de la Serena

Para entender la existencia de este torreón, debemos mirar al mapa. Durante dos años, el frente de batalla se estabilizó en el Valle de la Serena, a escasos 30 kilómetros en línea recta de Villafranca de los Barros. Esta proximidad obligó a la creación de un cuerpo de defensa antiaérea y la vigilancia constante desde puntos elevados.

Guerra en el aire y defensa de la retaguardia

Aunque la aviación republicana contaba con menos potencia y recursos que la aviación del bando sublevado (fuertemente apoyada por la Legión Cóndor alemana y la Aviazione Legionaria italiana), los bombardeos sobre la retaguardia eran un peligro real. Los "rebeldes", que controlaban Villafranca desde el 7 de agosto de 1936, necesitaban proteger sus puntos neurálgicos de posibles incursiones aéreas enemigas.

Un pueblo de descanso y control

Desde los primeros días del conflicto, Villafranca de los Barros dejó de ser frente de guerra para convertirse en un pueblo de retaguardia. Sus funciones principales eran:

  • Descanso de tropas: Lugar de relevo para los soldados que venían del frente.

  • Logística y mando: Como explicamos anteriormente en el punto de la Comandancia Militar, el pueblo servía de centro organizativo.

El torreón de las Concepcionistas era, por tanto, el "ojo" que vigilaba el cielo para garantizar que la calma de la retaguardia no fuera interrumpida por las bombas.


 La imagen es una captura de pantalla de Google Maps. Se trata del torreón ubicado en el actual convento y residencia de las Madres Concepcionistas. Marcado con un círculo azul.

Séptima parada: El corazón de Jesús y el estigma de los albañiles

En nuestra sexta parada abordamos un episodio que ha generado innumerables comentarios en el pueblo: la retirada de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús (el "Santo del Altozano").

El mito frente a la realidad

Nuestra guía, Marta, explicó con gran detalle este suceso, y contamos con el valioso testimonio de José, quien participó en la ruta confirmando los hechos. José relató lo que un vecino —que tenía siete años cuando ocurrió— le contó de primera mano, identificando incluso la casa donde vivía el testigo.

La historia es compleja. Durante la Segunda República, bajo el marco de un Estado laico, se generó una fuerte polémica sobre la permanencia del santo en la plaza. Finalmente, un pleno municipal aprobó su traslado a la parroquia. Aunque la leyenda negra local afirma que la estatua fue derribada, arrastrada y maltratada, la realidad documentada es muy distinta: dos albañiles la bajaron con sumo cuidado utilizando los medios de la época (poleas y cuerdas) y la depositaron sobre un carro lleno de paja para amortiguar el traslado.

Es cierto que la figura sufrió un pequeño daño en un dedo, pero fue debido a la dificultad técnica de bajar una imagen de casi cuatro metros de altura, y no a un acto de vandalismo.

El alto precio de "llevar el pan a casa"

Lo más trágico de esta historia es el destino de esos dos trabajadores. Esos albañiles eran el bisabuelo de José y el hermano de este. No aceptaron el encargo por ideología política, sino por pura necesidad: necesitaban el jornal para alimentar a sus familias.

Sin embargo, ese trabajo les salió muy caro. Con la llegada de las tropas sublevadas, fueron de los primeros en ser represaliados. Se les señaló injustamente por cumplir con una tarea profesional. Es una historia triste pero real: la de tantas personas que, intentando llevar el pan a su casa de forma digna, acabaron pagando con su libertad o su vida.

"Señor mío, hay que comer. Hay que ver a los hijos dignamente. La esclavitud se acabó hace mucho tiempo, pero en aquel entonces, el simple hecho de trabajar donde te mandaban podía costarte la vida".



Octava parada: El Colegio San José

Nuestra octava parada nos lleva directamente al Colegio San José. En primer lugar, es de rigor agradecer a Ramón y a los responsables de la institución por permitirnos el acceso y abrirnos las puertas para esta visita.

Un paréntesis histórico: La República y la Botánica

Una vez dentro, tomo la palabra para ofrecer un breve contexto histórico sobre una etapa sumamente curiosa: el papel del colegio durante la Segunda República y los años posteriores.

Muchos saben que, durante el periodo republicano, el centro funcionó como un instituto de secundaria mixto. Un detalle fascinante de esta época son sus jardines; el director de aquel entonces era un gran apasionado de la botánica y mandó traer especies exóticas de varios países. Es una delicia recorrerlos hoy y observar esa diversidad que aún perdura.

El exilio de los jesuitas y el legado de Soler Díaz-Cacho

En 1932, los jesuitas fueron expulsados de España, y los de Villafranca de los Barros se trasladaron a Estremoz (Portugal), donde continuaron impartiendo sus clases.

Sobre esta etapa, recomiendo encarecidamente la lectura de la obra del recordado profesor José Antonio Soler Díaz-Cacho. Aunque publicaba "con cuentagotas", la calidad de su investigación era excepcional. Su libro, Los pies entre los pliegues de la memoria, es una obra de trabajo impresionante. No tengo palabras para describir la profundidad de la información que se obtiene de sus páginas; es, sencillamente, magistral.

La Guerra Civil: Hospital de sangre y la Mezquita

Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, el edificio fue militarizado. Con el nuevo escenario, se devolvió el colegio a los jesuitas y el curso 1936-1937 ya se impartió aquí. Sin embargo, la planta baja se transformó en un hospital de sangre para atender a los heridos del frente, especialmente a los legionarios y a las fuerzas regulares marroquíes ("tropas moras").

Fue tal la cantidad de combatientes heridos que el colegio quedó desbordado; existen fotografías de la época donde se ve a los soldados convalecientes incluso en los bancos de los pasillos. Debido a la gran presencia de soldados musulmanes, ocurrió algo inusual: se habilitó una mezquita dentro del colegio católico.

Incluso hoy, al visitar ese espacio, se pueden ver fotografías de la época con los soldados en la puerta. Recientemente, visité el lugar con un amigo musulmán y se quedó impresionado: confirmó que la orientación (hacia la salida y puesta del sol) es perfecta. No podía creerlo hasta que lo vio con sus propios ojos.

Solidaridad y reflexiones personales

En aquel hospital de sangre no solo trabajaban los jesuitas; los propios alumnos y mucha gente del pueblo colaboraron voluntariamente como camilleros y enfermeras. La necesidad era tal que la solidaridad de Villafranca fue fundamental.

Antes de salir, suelo hacer un pequeño alegato personal. Siempre he admirado a la Compañía de Jesús. Aunque su expulsión en la República es un tema complejo, para mí son figuras fascinantes. Al estudiar su historia, especialmente durante la colonización de América, se observa su estructura colectiva: cuando entras en la congregación, todo es de todos. Por eso, suelo decir —con perdón de la Iglesia— que son casi los "comunistas de la religión". Incluso en la Transición española, la impronta de los jesuitas estuvo presente en la construcción de la democracia a través de figuras clave.

El final del recorrido: Huellas del pasado

Para finalizar, cabe mencionar dos datos curiosos y potentes:

  1. El cementerio musulmán: Se creó un cementerio para los fallecidos en el hospital. En los años 90, algunos restos fueron recuperados por sus familias y el resto se trasladó a un panteón en el cementerio municipal de Villafranca.

  2. Visitas históricas: El colegio recibió visitas de figuras de gran peso histórico, como Queipo de Llano en 1937 y el general Franco hacia 1941.

Es, sin duda, una historia viva. Ver una pistola encontrada en el patio o saber que allí convivieron la cruz y la media luna es parte de lo que hace al Colegio San José un lugar impresionante.




Novena parada: Cementerio Municipal

Partimos desde el Colegio San José con dirección al camposanto. Al llegar, nos detuvimos ante el muro exterior, un lugar que aún conserva las huellas visibles de los impactos de bala. Es gracias a la sensibilidad de los enterradores de la época, y de quienes les sucedieron, que estos muros no han sido derribados ni ocultados por completo; aunque se han intentado tapar en ocasiones, las marcas siempre vuelven a salir a la luz, recordándonos nuestra historia.

Allí explicamos la realidad de los represaliados en Villafranca de los Barros y presentamos el proyecto para convertir este espacio en un lugar de memoria.

Un encuentro participativo y revelador

Al cruzar la entrada del cementerio para localizar las tres fosas documentadas, se generó de forma espontánea una tertulia entre los guías y los acompañantes. Fue un intercambio de ideas cordial, saludable y sumamente ameno. Superó todas mis expectativas: cada asistente expuso su teoría y compartimos conocimientos en un ambiente de respeto.

Nos sorprendió gratamente descubrir quiénes nos acompañaban. Entre las cerca de 40 personas, había perfiles muy interesantes que no habíamos identificado al inicio:

  • Un joven de Bodonal de la Sierra volcado en la recuperación de fosas.

  • Personas llegadas desde La Parra, Fuente del Maestre y Ribera del Fresno.

  • Vecinos de diversos puntos que se desplazaron expresamente para unirse a esta jornada.

El proyecto de las fosas

Durante la charla, recordamos cifras estremecedoras que reflejan la magnitud de la represión en nuestra localidad:

  • Las víctimas del "Muro": Se estima que cerca de 334 personas pasaron por el muro. Sus nombres figuran en el monolito de memoria erigido por el PSOE, gracias a la lista cedida al Ayuntamiento por el historiador y paisano Francisco Espinosa Maestre.

  • Investigaciones locales: Aunque inicialmente se hablaba de casi 600 represaliados vinculados a Villafranca de los Barros, investigaciones más recientes han ampliado este censo.

  • Base de datos integral: El trabajo exhaustivo realizado por Pepe Pecero y Juan Antonio Álvarez, con la colaboración de Miguel Sánchez, ha permitido crear una base de datos de los represaliados entre 1936 y 1957. Sus hallazgos elevan la cifra aproximada a 700 personas.

















Cierre de la jornada

La conversación fue tan enriquecedora que la jornada se alargó hasta pasadas las 14:00 horas. A pesar del cansancio del camino de vuelta a pie, la experiencia mereció la pena con creces.

Quiero agradecer de todo corazón a quienes nos acompañaron. Esperamos que la próxima convocatoria sea igual de especial o, si cabe, aún mejor.

Muchas gracias a todos.



martes, 17 de febrero de 2026

Valle de la Serena. La Zamarrilla: Segunda línea de defensa republicana. Frente de Extremadura.

 

Hay hallazgos que no se buscan, sino que te encuentran. A veces, uno revisa carpetas que han dormido durante casi dos décadas —concretamente desde aquel mayo de 2008, en plena Semana Santa— y se topa con un tesoro documental que todavía no ha pisado la red. Hoy abrimos esos archivos para descubrir una posición que, hasta ahora, permanecía en la penumbra de lo no publicado: la posición republicana de La Zamarrilla.

«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»

¿Por qué ahora?
Han pasado casi 18 años desde que ese reportaje fotográfico se realizó por pura suerte, como quien encuentra una mina de oro histórica. Me sigue sorprendiendo el silencio de estas posiciones y, por eso, es el momento de sacarlas de las carpetas olvidadas. Las imágenes que acompañan este texto son un estreno absoluto; testimonios visuales de una arquitectura de guerra que se resiste a desaparecer entre las jaras.
Para entender las fotos que estás a punto de ver, hay que mirar el mapa de 1938. La Zamarrilla no era un puesto de observación aislado; era un "seguro de vida" para el despliegue republicano en la región.
El Saliente de la Serena: Un frente "congelado"
Durante casi dos años, el frente de Extremadura se mantuvo relativamente estable. La Bolsa de La Serena era un enorme saliente republicano que se adentraba en territorio controlado por el bando sublevado, amenazando las comunicaciones entre el norte y el sur de la península. La Zamarrilla formaba parte de esa segunda línea de defensa diseñada para absorber cualquier impacto si la primera línea cedía.

 
Este tipo de fortificaciones suele formar parte de sistemas de trincheras más amplios. Si exploras los alrededores, es probable que encuentres depresiones en el terreno que conecten con esta posición.
La arquitectura del "Peto y Espalda"
Lo que verás en las imágenes de este reportaje es una técnica constructiva de una solidez asombrosa. Al estar fortificada con piedra tanto adelante como atrás, la posición de La Zamarrilla ofrecía:
  • Protección contra el flanqueo: Si el enemigo lograba infiltrarse, los soldados tenían un parapeto trasero donde cubrirse.
  • Resistencia al "barrido" artillero: La densidad de la piedra del Valle permitía que las trincheras no se desmoronaran bajo el fuego de las baterías rebeldes.
Este tipo de fortificaciones suele formar parte de sistemas de trincheras más amplios. Si exploras los alrededores, es probable que encuentres depresiones en el terreno que conecten con esta posición.

Muestra una estructura defensiva de hormigón integrada en el terreno, que presenta características típicas de un nido de ametralladoras o búnker de vigilancia, posiblemente en estado inacabado o parcialmente enterrado por el paso del tiempo.
Se observa un bloque de hormigón armado o masa que sobresale del terreno. Su ubicación en una zona elevada sugiere un propósito de control visual sobre el valle o la ladera inferior.
La estructura carece de un acabado refinado y parece fundirse con el suelo de tierra y grava circundante. El hecho de que no haya muros laterales visibles o un techo completo sugiere que:
  1. La construcción quedó ininterrumpida.
  2. Es un diseño de perfil bajo destinado a ser cubierto con sacos de tierra o camuflaje natural. 


Este tipo de construcciones son vestigios típicos de frentes estabilizados, donde las comunicaciones debían realizarse a cubierto del fuego enemigo. Por el tipo de terreno y construcción, es muy probable que forme parte de los mismos restos defensivos de la imagen anterior.
En esta toma se aprecia con mayor claridad la técnica constructiva y la escala de la trinchera o "sinfín":
  • Técnica de piedra seca: Se confirma el uso de mampostería en seco (piedra sobre piedra sin argamasa), una técnica tradicional que en contextos bélicos permitía levantar muros funcionales con rapidez.
  • Referencia de escala: La persona en el centro nos da una idea clara de la profundidad actual. Aunque hoy apenas llega a la rodilla, es probable que originalmente fuera más profunda o estuviera reforzada con parapetos de sacos terreros que han desaparecido.
  • Función de comunicación: El trazado serpenteante no es casual; este diseño en "zigzag" servía para que, en caso de que un proyectil cayera dentro o un enemigo tomara un sector, la onda expansiva o el fuego directo no recorrieran toda la línea.
Esta foto es la "clave" para entender el conjunto, ya que muestra el objetivo de las defensas:
  • El Núcleo Defensivo: Al fondo, en la cima del cerro, se observan las ruinas de una edificación de gran tamaño. Por su posición dominante, podría haber sido un cortijo fortificado o un puesto de mando.
  • Líneas de cintura: Se ve claramente cómo el sinfín rodea la elevación, creando un perímetro defensivo que obligaba a cualquier atacante a avanzar cuesta arriba mientras era expuesto desde las posiciones superiores.
  • Terreno hostil: La presencia de afloramientos rocosos y suelo granítico explica por qué se optó por construir muros de piedra hacia arriba en lugar de excavar profundamente en el suelo, que sería extremadamente duro.


El cierre de la bolsa: El principio del fin
En julio de 1938, el bando nacional lanzó una ofensiva coordinada desde varios puntos para "estrangular" este saliente. Es lo que históricamente conocemos como el Cierre de la Bolsa de La Serena.
  • Desde La Zamarrilla se podía "sentir" el cierre de las tenazas.
  • Al caer las posiciones de vanguardia, esta segunda línea se convirtió en el último refugio antes de la retirada general hacia el Zújar.
  • Las fotografías de 2008 captan el estado de unos muros que, en julio del 38, vieron pasar a miles de hombres en una de las maniobras más rápidas y decisivas de toda la guerra en suelo extremeño.
Un archivo que sobrevive al olvido
Lo más valioso de este reportaje que recuperamos hoy es que muchas de estas estructuras han sufrido el paso de la erosión y el expolio en los últimos 20 años. Las fotos de aquel mayo de 2008 son, en muchos casos, la última prueba fiel de cómo era la disposición exacta de los nidos de ametralladora y los abrigos de tropa antes de que el tiempo siguiera haciendo su trabajo. 

 José Pecero Merchán.
Memorándum:
La Guerra Civil, como en muchos otros pueblos de la comarca, fue cruel, cobrándose un centenar de víctimas. Siendo destacable la permanencia de la línea divisoria del territorio republicano frente al nacional en nuestro término. Cabe destacar las batallas en las zonas de Tamburrero y Los Argallanes. En esta época se perdió también el rico patrimonio artístico de la iglesia parroquial.
Tras la ocupación de Valle de la Serena durante el cierre de “la bolsa de la Serena”, a finales de julio de 1938 se empezó a detener a las personas que habían tenido algún tipo de relación con la causa republicana y los partidos de izquierda. El 11 de agosto de 1938 ocurrió el 1.° fusilamiento, asesinando al último alcalde republicano y a otras personas vinculadas con dicha alcaldía. El 17 de septiembre se produjo el 2.° fusilamiento. Con el final de la guerra y la llegada de vecinos desde la zona derrotada “Campo Rojo”, se sucedieron las detenciones; pasados algunos días, se volvieron a producir los fusilamientos, en mayo los días 8 y 11 y finalmente el 9 de junio.
El primer pueblo que en Extremadura lleva a cabo las exhumaciones de las víctimas de la represión es el Valle de la Serena. En este pueblo hay dos momentos: uno por pura iniciativa ciudadana, marzo del año 1979, aun con un ayuntamiento franquista, y otro, el segundo, ya con el apoyo del nuevo ayuntamiento democrático, a partir de abril, cuando el socialista Emilio Cabezas Acedo toma posesión de la alcaldía. El Valle de la Serena es un pueblo que nunca tuvo cruz de caídos del llamado bando nacional. Aquí la memoria estaba intacta. Pudieron reconstruir el listado completo por grupos con la fecha exacta del fusilamiento de cada uno. Existían cuatro lugares donde se produjeron los enterramientos y la posterior inhumación de los cuerpos.
Fueron las propias familias de las víctimas las que decidieron exhumarlos, rescatarlos, devolver al pueblo su memoria y dignamente darles la sepultura que sus verdugos les negaron. La memoria estaba intacta, silenciada, pero intacta. Se levantó un mausoleo con cuatro caras y en cada una un listado de las víctimas bajo cuatro leyendas. Los mensajes, como antes decíamos, no transmiten ni rencores ni venganzas, transmiten reconciliación y justicia; simplemente se trata de la restitución de la memoria histórica. Este es uno de tantos ejemplos que pudiéramos poner para que se entienda un poco más el sentimiento que inspiró aquellas exhumaciones, que es el mismo que inspira las que se hacen ahora, eso que muchos se niegan a entender. No se trata de abrir heridas, se trata de cerrarlas; no se trata de despertar odios, se trata de amortiguar amarguras viejas que impiden visiones nuevas; no se trata de interesadas maniobras políticas, se trata de atender una demanda ciudadana, se trata de cumplir con algo que debiera quedar fuera de toda discusión. En una democracia no puede haber víctimas de una dictadura esparcidas por los campos y cunetas. Sirvan, pues, como ejemplo de todo lo dicho anteriormente, los mensajes que en el Valle de la Serena se pusieron en las cuatro caras del panteón que por fin acogió a las víctimas de la represión, un pueblo donde el bando vencedor no tuvo víctimas.
RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA EN
EXTREMADURA: INVESTIGACIÓN, LOCALIZACIÓN Y
EXHUMACIÓN DE FOSAS





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