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martes, 28 de julio de 2026

Regreso a las trincheras de Puerto Mejoral: MEMORIA Y HORMIGÓN BAJO EL SOL DE LA SERENA. Frente de Extremadura.

Hay días de exploración que se quedan grabados no solo en la cámara, sino en la memoria. Era el 7 de junio de 2009 cuando nuestros pasos nos llevaron de nuevo a Puerto Mejoral. Veníamos aún con el cansancio acumulado de aquella calurosa e inolvidable jornada de mayo en la Ermita de Belén y el Morro de la Soriana, donde las fuerzas amenazaron con fallarnos a medio camino. Sin embargo, la hospitalidad de un vecino —de esos que abren su puerta y su conocimiento sin pedir nada a cambio— nos devolvió el aliento para cumplir nuestra misión: desentrañar los secretos que aún custodia este rincón del Frente de Extremadura.

En este artículo os invitamos a recorrer con nosotros dos singulares nidos de ametralladora blindados y un entramado de trincheras que resisten el paso del tiempo. Acompañadnos en este viaje al pasado a través del archivo fotográfico que recuperamos aquel día y descubrid por qué la historia de La Serena aún tiene tanto que contarnos.


Con la mochila bien ajustada a la espalda y las coordenadas por fin fijadas en Google Maps, nos pusimos en marcha. El ambiente estaba cargado de esa emoción pura que precede a un descubrimiento. 

A mi lado caminaba el amigo Carlos, que por aquella época era apenas un crío, pero con los ojos brillantes y un hambre insaciable de aventuras. 
Mientras avanzábamos, le iba relatando los detalles de nuestra expedición, contagiándole la pasión por la búsqueda. La recompensa no se hizo esperar: de pronto, se alzó ante nosotros el primer búnker. 
Un imponente nido de ametralladoras, de hormigón y silencio, que aún hoy domina estratégicamente toda la línea ferroviaria entre Cabeza del Buey y Castuera forma parte de la histórica línea Ciudad Real-Badajoz, con una distancia de unos 28 kilómetros. El corazón nos dio un vuelco; allí estábamos, frente a frente con la historia.
 
Texto generado en su mayoría por inteligencia artificial.


El tiempo, sin embargo, es un río implacable que no se detiene ante el hormigón.

Pasaron los años, y el paisaje, aunque inmutable en su esencia, fue testigo de nuestro propio envejecimiento. La segunda imagen nos muestra de nuevo en el mismo lugar, frente al mismo búnker desgastado por la intemperie. Pero esta vez, el contraste es palpable. El hormigón muestra nuevas grietas, como arrugas que cuentan sus propias historias. Y nosotros… bueno, nosotros también llevamos las marcas del tiempo. Los cabellos grises son más visibles, las arrugas en nuestros rostros se han profundizado, y Carlos… Carlos ya no es el crío que anhelaba aventuras. Es un hombre, con la mirada curtida y la compostura de quien ha visto más mundo. Pero mientras tanto, el búnker sigue ahí, una mole inamovible de la que cuelgan ecos silenciados, resistiendo el paso de los siglos y el olvido. 


Nos quedamos en silencio, apoyados en los mismos muros que una vez nos intimidaron, y sentimos la inmensidad del tiempo. La primera imagen fue el punto de partida, la promesa de una búsqueda compartida. La segunda es el testimonio de esa promesa cumplida, de un viaje que comenzó con un juego de niños y se transformó en un descubrimiento de nuestra propia historia y de la fuerza indomable del espíritu humano. El búnker resistió, y nosotros también, unidos por un vínculo que el tiempo, lejos de desgastar, solo había fortalecido. Nuestra mochila, una vez llena de ilusiones, ahora estaba cargada de recuerdos y de una profunda comprensión: que la historia no está solo en los libros, sino en las grietas del hormigón, en el viento que sopla sobre la estepa y en los corazones que aún se emocionan al descubrirla.
 

Imagina caminar por una ladera aparentemente vacía, donde el viento solo silba entre la hierba seca y las jaras bajas. Crees que estás rodeado únicamente de naturaleza y montañas inmutables. Pero, de repente, la tierra se levanta. No es un promontorio natural; su textura es demasiado regular, demasiado dura. Es hormigón. Es historia pura que emerge ante tus ojos.
 

La primera imagen te hiela la sangre. Estás frente a una cúpula de cemento, rugosa como la piel de un gigante dormido. La luz del sol golpea su superficie, revelando las cicatrices del tiempo y de la intemperie. No es solamente una estructura; es un testigo. Te acercas y notas una hendidura central, una pequeña perforación. Te das cuenta con un escalofrío de que ese agujero ciego fue una vez un ojo que vigilaba este mismo valle, buscando el peligro en el horizonte. ¿Quién estuvo ahí de pie, con el corazón en un puño, mirando a través de esa rendija?
 

Rodeas la estructura y descubres su secreto. Allí, a la sombra de la cúpula, se abre un acceso. La imagen te muestra el momento exacto en que la aventura cobra vida: un joven explorador se asoma desde el interior. Lo que una vez fue un nido de ametralladoras, un lugar diseñado para la defensa y el conflicto, hoy es un portal para la curiosidad. La mirada de la persona dentro de la penumbra conecta el presente con el pasado. Puedes sentir la frialdad del cemento que le rodea y el eco silenciado de voces que se desvanecieron hace décadas.
 

Al alejarte un poco, la magnitud de la estructura se revela. El búnker se asienta desafiante contra el paisaje montañoso, rodeado de arbustos y maleza que han intentado, sin éxito, devorarlo. Es una mole de ingenio militar que se resiste a desaparecer. Estas ruinas no son silenciosas; gritan historias de un tiempo convulso que no debemos olvidar. Cada grieta en el cemento es un capítulo.
 


El Mensaje Tallado

Y justo cuando crees que lo has visto todo, la historia te susurra un secreto final. Un plano detalle revela algo conmovedor tallado en la propia piel del búnker. Son números y letras: "14 Γ Δ Z". No son marcas de fábrica; son una huella humana. Alguien, quizás un soldado esperando en la monotonía, decidió dejar su marca aquí. "Yo estuve aquí", nos dice desde el pasado. Esta pequeña inscripción transforma el cemento frío en una experiencia personal y nos obliga a preguntar: ¿Quién era él? ¿Qué pensaba mientras tallaba esas letras?

Descubrir este búnker es solo el principio. La zona está llena de estos guardianes olvidados. Cada uno tiene su propia forma, su propia cicatriz, su propio mensaje esperando a ser leído. ¿Te atreves a seguir el rastro y descubrir qué otros secretos aguardan en estas colinas? La historia está aquí, a tus pies.

Para entender verdaderamente lo que significaba estar dentro de uno de estos nidos de ametralladoras, hay que dejar de verlos como simples bloques de hormigón y empezar a sentirlos como lo que fueron: prisiones de supervivencia.

La angustia de la inmensidad: Si observamos la perspectiva lejana en la primera imagen, el búnker parece un pequeño caparazón perdido en la vastedad de la llanura, con la montaña como único testigo mudo. Para los soldados apostados allí, esa inmensidad no era un paisaje hermoso; era un océano de vulnerabilidad. Cada día que amanecía, el campo abierto se convertía en un escenario donde cualquier movimiento en el horizonte podía significar el final. La soledad allí debía ser abrumadora. Estaban aislados del resto del mundo, conectados solo por el hilo invisible del deber y el miedo.

El abrazo asfixiante del cemento. Al acercarnos a la estructura, como se aprecia en el segundo y tercer plano, el peso psicológico del lugar se hace evidente. Imagina ser uno de esos jóvenes, obligado a arrastrarte hacia ese interior oscuro y estrecho. La cúpula sobre sus cabezas, gruesa e implacable, era su única salvación contra la metralla, pero también una losa que los sepultaba en vida.

Allí dentro, los sentidos se alteraban:

  • El clima extremo: El hormigón es un conductor despiadado. Durante el día, bajo el sol implacable, el interior se convertía en un horno asfixiante donde el sudor se mezclaba con el polvo. Por las noches, el cemento irradiaba un frío que calaba hasta los huesos, haciendo que las horas de guardia fueran una tortura silenciosa.

  • El olor del miedo: El espacio reducido obligaba a convivir con el olor a pólvora, a tabaco barato, a humedad y al sudor frío del pánico contenido. Era una intimidad forzada donde nadie podía ocultar su terror.

Miguel siempre había sentido una conexión extraña con las colinas que rodeaban este pueblo. No era solo la belleza árida del paisaje, sino el eco de una historia silenciada que se filtraba entre las grietas de la piedra. Su chaleco utilitario, lleno de múltiples bolsillos que normalmente guardaban linterna, una brújula y un par de herramientas de geocaching, hoy parecía un uniforme involuntario. Se había convertido en el "Vigilante de la Memoria".

Esa mañana, tras un largo camino bajo el cielo azul cobalto salpicado de nubes dispersas, llegó a la cima. Allí, como un monstruo dormido pero aún imponente, descansaba el búnker. Su estructura abovedada de hormigón rugoso, curtido por décadas de sol y lluvia, estaba cubierta de líquenes de color gris pálido.

Miguel se detuvo, sintiendo el peso de la historia antes de ascender. Se sentó a horcajadas en la parte más alta de la estructura, como un gigante bondadoso sobre el techo de un mundo olvidado. Sus manos robustas, que habían encofrado estructuras de edificios, descansaban sobre sus muslos. Miró fijamente a la cámara, con una expresión firme pero reflexiva, no como un soldado en guardia, sino como un guardián de la paz.

Debajo de él, grabada a mano en el hormigón desgastado,estaba estaba el escudo del cuerpo de ingenieros. Era un agujero en la tela del tiempo. Sus botas de montaña, embarradas por el ascenso, contrastaban con la superficie inamovible del búnker.

"Setenta y un años", murmuró para sí mismo. "Y aquí sigues".

A través de la pequeña abertura (visera de observación/disparo) que se abría justo debajo de su posición, Miguel imaginó a los soldados. Sudorosos, asustados, vigilando un horizonte que ahora él veía en perfecta paz, tal vez a unos metros de donde él estaba sentado, mirando el mismo cielo azul y soñando con un futuro en el que su familia pudiera sentarse allí, no a matar, sino a recordar.

Miguel no llevaba armas en su chaleco. Sus bolsillos contenían un pequeño cuaderno donde anotaba las coordenadas de los búnkeres olvidados y una pequeña bandera blanca doblada que a veces colgaba de la visera, un gesto silencioso de reconciliación.

Se quedó allí mucho tiempo, el viento susurrando historias que solo él podía entender. El búnker ya no era una estructura de guerra, sino un monumento al silencio y a la fragilidad de la paz. Miguel, con su ropa de campo utilitaria, se sentía un centinela involuntario, pero necesario. Había cumplido su “guardia”. Con un último y respetuoso vistazo al escudo grabado, se levantó, dejando el búnker en paz bajo el cielo que tanto había visto.

El mundo reducido a una franja. Quizás el sentimiento más intenso era el que nacía al mirar por esas estrechas aberturas horizontales. Su mundo entero, su pasado y su futuro, se reducía a esa fina franja de luz sobre el campo seco. La guerra en estos búnkeres estaba hecha de un 90 % de espera agónica y un 10 % de terror absoluto. Horas, días y semanas escrutando la maleza, con los ojos ardiendo por el esfuerzo y el corazón latiendo desbocado ante el movimiento de un simple arbusto agitado por el viento.

Detrás de esos muros no había héroes de acero; había seres humanos que temblaban, que extrañaban sus hogares, que rezaban en susurros y que se aferraban a sus compañeros en la oscuridad, sabiendo que el hormigón que los protegía también podía convertirse, en cualquier momento, en su propia tumba.

La Trinchera Olvidada de Sierra Buitrera

Dejando atrás el hormigón: Tras completar la documentación fotográfica de los búnkeres de hormigón reforzado en la posición anterior, nuestra expedición se adentró en terreno más escarpado. Nos dirigimos, siguiendo pistas previas, hacia las cotas más altas de la Sierra Buitrera.

El hallazgo en la ladera: La información era precisa. Al alcanzar una curva de nivel específica en la falda de la sierra, entre la densa vegetación de matorral mediterráneo, localizamos los vestigios de una antigua línea defensiva.

La Trinchera Interpretada: Esta imagen captura el momento exacto en que me encuentro de pie sobre la estructura. Como podéis apreciar, no se trata de una fortificación de hormigón como las anteriores, sino de una trinchera de mampostería en seco. Estoy posicionado sobre la pirca (pared de piedras apiladas), que, aunque derruida y erosionada por el tiempo, aún dibuja claramente el parapeto defensivo. Llevo mi camisa de color claro y gafas, y sostengo un objeto (quizás una pipa o ajustando un detalle) mientras asimilo el hallazgo.

Dominio visual del terreno: Lo más impresionante de esta posición, y que la foto ilustra a la perfección detrás de mí, es el valor estratégico de las vistas. Desde este punto exacto, se tiene un dominio visual absoluto sobre la vasta llanura agrícola, los campos de cultivo y la vega que se extiende hasta las colinas en el horizonte lejano. Es fácil imaginar la función de vigilancia y control que cumplía este puesto en su momento. Estamos, literalmente, pisando la historia mientras contemplamos el paisaje que una vez fue zona de conflicto.

Espero que este texto refleje bien la transición y el significado de la foto.

A medida que ganábamos cota, la densa vegetación de matorral mediterráneo parecía querer ocultar los secretos del cerro. Sin embargo, siguiendo las curvas de nivel, la historia emergió entre la maleza.

Como se documenta en nuestro recorrido (ilustrado en las imágenes 47.jpg y 59_2.jpg), nos encontramos caminando directamente sobre la línea principal de una extensa trinchera. A diferencia de los búnkeres de la llanura, aquí no hay encofrados ni cemento. Nos encontramos inmersos en una cicatriz tallada en la propia montaña.

Análisis histórico: La Estrategia de la Piedra Seca

La observación sobre el terreno nos permite extraer varias conclusiones históricas sobre el valor táctico de esta posición en la Sierra Buitrera:

  • Arquitectura de oportunidad y mimetismo: La imagen 49.jpg muestra un detalle crucial del parapeto. La trinchera está construida mediante la técnica de mampostería en seco (piedras apiladas sin argamasa), utilizando exclusivamente la cuarcita y la pizarra extraídas del propio terreno. Esto indica una fortificación rápida, probablemente excavada a mano por las tropas para establecer una línea de frente inmediata. Además, el uso del material local garantiza un camuflaje perfecto desde el aire o la distancia.

  • Adaptación a la orografía: En la fotografía 52.jpg, podemos observar cómo el trazado de piedra serpentea, adaptándose milimétricamente a la topografía de la ladera. Esta disposición no es casual; busca maximizar la protección frente al fuego enemigo, evitando líneas rectas que serían vulnerables a ataques de enfilada.

La historia no solo se lee en los libros; se pisa, se toca y se respira en lugares como este. Explorar esta posición nos ha permitido dimensionar el esfuerzo y la dureza de las condiciones de quienes la construyeron y la ocuparon.

En la cumbre de nuestra exploración (como refleja la foto 57.jpg, donde Miguel y yo posamos tras culminar el ascenso), el contraste es abrumador. A nuestras espaldas, la inmensa llanura descansa hoy en paz, dividida en tranquilos campos de cultivo que se extienden hasta el horizonte. Bajo nuestras botas, sin embargo, la humilde piedra apilada sigue recordando que este mismo mirador natural fue, décadas atrás, un bastión defensivo de vital importancia.

Documentar la Sierra Buitrera es rescatar del olvido de la maleza estas cicatrices de piedra, asegurando que la memoria del terreno perdure para las futuras generaciones.

José Pecero Merchán.

Contexto histórico.

El contexto histórico de la Sierra Buitrera (o Sierra de Pico Buitrera) y el Puerto Mejoral está íntimamente ligado a la reconfiguración del Frente Extremeño en la comarca de La Serena durante la segunda mitad del año 1938 y principios de 1939. Tras la rápida ofensiva franquista que logró el "cierre de la Bolsa de la Serena" en julio de 1938, esta zona escarpada se convirtió en un escenario bélico de primer orden.
A partir de las fuentes documentales y arqueológicas, este es el contexto histórico detallado de la zona:
1. La Contraofensiva Republicana (agosto-septiembre de 1938): Tras perder el control de la comarca, el ejército republicano lanzó un fuerte contraataque el 22 de agosto de 1938 con el fin de recuperar el terreno perdido. Este empuje logró hacer retroceder a los franquistas, trasladando la dureza de los combates a las inmediaciones de lugares como Cabeza del Buey, el Castillo de Almorchón y el propio Puerto Mejoral. Sin embargo, el avance de las divisiones republicanas fue frenado en seco por la frontera topográfica natural que conformaba el macizo montañoso de las sierras de Castuera, Benquerencia, Buitrera, Tiros y Almagrera.
2. La estabilización del frente y el encastillamiento franquista. Al no poder quebrar esta barrera natural, el frente se estabilizó en otoño de 1938. Las autoridades militares franquistas prestaron entonces una especial atención a la defensa del Puerto Mejoral y la zona del castillo de Almorchón, erigiendo una fuerte línea defensiva. Para ello construyeron:
  • Tres casamatas de hormigón orientadas hacia el este para repeler ataques. Dos se ubicaron pegadas a la vía del tren (en la finca "Cerro Merchán") y la tercera más al sur, muy cerca del Puerto Mejoral, dominando la ladera norte del cerro.
  • Una línea de trincheras de retaguardia que se extendía desde la vía férrea hasta las inmediaciones del Puerto Mejoral. Estas posiciones estaban unidas por caminos de suministro que fueron construidos utilizando la mano de obra forzada de los Batallones de Trabajadores (prisioneros republicanos). En este sector se hallaba también la "Casa de los Elías", utilizada por los soldados franquistas.
3. La Sierra de Pico Buitrera y sus trincheras kilométricas Justo frente al puerto, serpenteando de forma continua por la falda de la Sierra de Pico Buitrera, se construyó una inmensa trinchera de casi 600 metros de longitud.
  • Origen republicano y reutilización franquista: Los estudios arqueológicos y la documentación militar revelan que esta colosal zanja fue excavada originalmente por el ejército republicano. No obstante, la zona cambió de manos y se constata que fue reutilizada y adaptada por el ejército franquista durante las nuevas operaciones militares que tuvieron lugar en enero de 1939 (la conocida como Batalla de Valsequillo o Peñarroya).
  • En los extremos de esta extensa línea de trinchera se levantaron parapetos fuertemente realzados, además de construcciones destinadas al descanso de los soldados y a servir como puestos de observación fortificados.

Valor patrimonial actual: Hoy en día, este conjunto conforma una de las zonas de arqueología militar más ricas de La Serena. Las enormes trincheras de la Sierra Buitrera quedaron espectacularmente a la vista tras un incendio forestal que arrasó el monte bajo que las ocultaba, revelando la magnitud de las obras bélicas. Por ello, ha sido integrada en las rutas del patrimonio histórico de la región (como la "Ruta del Puerto Mejoral a Castuera"), cuyo objetivo es mostrar los vestigios del campo de concentración cercano y la arquitectura del miedo que paralizó el frente hasta el final de la guerra.

 José Pecero Merchán


martes, 17 de febrero de 2026

Valle de la Serena. La Zamarrilla: Segunda línea de defensa republicana. Frente de Extremadura.

 

Hay hallazgos que no se buscan, sino que te encuentran. A veces, uno revisa carpetas que han dormido durante casi dos décadas —concretamente desde aquel mayo de 2008, en plena Semana Santa— y se topa con un tesoro documental que todavía no ha pisado la red. Hoy abrimos esos archivos para descubrir una posición que, hasta ahora, permanecía en la penumbra de lo no publicado: la posición republicana de La Zamarrilla.

«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»

¿Por qué ahora?
Han pasado casi 18 años desde que ese reportaje fotográfico se realizó por pura suerte, como quien encuentra una mina de oro histórica. Me sigue sorprendiendo el silencio de estas posiciones y, por eso, es el momento de sacarlas de las carpetas olvidadas. Las imágenes que acompañan este texto son un estreno absoluto; testimonios visuales de una arquitectura de guerra que se resiste a desaparecer entre las jaras.
Para entender las fotos que estás a punto de ver, hay que mirar el mapa de 1938. La Zamarrilla no era un puesto de observación aislado; era un "seguro de vida" para el despliegue republicano en la región.
El Saliente de la Serena: Un frente "congelado"
Durante casi dos años, el frente de Extremadura se mantuvo relativamente estable. La Bolsa de La Serena era un enorme saliente republicano que se adentraba en territorio controlado por el bando sublevado, amenazando las comunicaciones entre el norte y el sur de la península. La Zamarrilla formaba parte de esa segunda línea de defensa diseñada para absorber cualquier impacto si la primera línea cedía.

 
Este tipo de fortificaciones suele formar parte de sistemas de trincheras más amplios. Si exploras los alrededores, es probable que encuentres depresiones en el terreno que conecten con esta posición.
La arquitectura del "Peto y Espalda"
Lo que verás en las imágenes de este reportaje es una técnica constructiva de una solidez asombrosa. Al estar fortificada con piedra tanto adelante como atrás, la posición de La Zamarrilla ofrecía:
  • Protección contra el flanqueo: Si el enemigo lograba infiltrarse, los soldados tenían un parapeto trasero donde cubrirse.
  • Resistencia al "barrido" artillero: La densidad de la piedra del Valle permitía que las trincheras no se desmoronaran bajo el fuego de las baterías rebeldes.
Este tipo de fortificaciones suele formar parte de sistemas de trincheras más amplios. Si exploras los alrededores, es probable que encuentres depresiones en el terreno que conecten con esta posición.

Muestra una estructura defensiva de hormigón integrada en el terreno, que presenta características típicas de un nido de ametralladoras o búnker de vigilancia, posiblemente en estado inacabado o parcialmente enterrado por el paso del tiempo.
Se observa un bloque de hormigón armado o masa que sobresale del terreno. Su ubicación en una zona elevada sugiere un propósito de control visual sobre el valle o la ladera inferior.
La estructura carece de un acabado refinado y parece fundirse con el suelo de tierra y grava circundante. El hecho de que no haya muros laterales visibles o un techo completo sugiere que:
  1. La construcción quedó ininterrumpida.
  2. Es un diseño de perfil bajo destinado a ser cubierto con sacos de tierra o camuflaje natural. 


Este tipo de construcciones son vestigios típicos de frentes estabilizados, donde las comunicaciones debían realizarse a cubierto del fuego enemigo. Por el tipo de terreno y construcción, es muy probable que forme parte de los mismos restos defensivos de la imagen anterior.
En esta toma se aprecia con mayor claridad la técnica constructiva y la escala de la trinchera o "sinfín":
  • Técnica de piedra seca: Se confirma el uso de mampostería en seco (piedra sobre piedra sin argamasa), una técnica tradicional que en contextos bélicos permitía levantar muros funcionales con rapidez.
  • Referencia de escala: La persona en el centro nos da una idea clara de la profundidad actual. Aunque hoy apenas llega a la rodilla, es probable que originalmente fuera más profunda o estuviera reforzada con parapetos de sacos terreros que han desaparecido.
  • Función de comunicación: El trazado serpenteante no es casual; este diseño en "zigzag" servía para que, en caso de que un proyectil cayera dentro o un enemigo tomara un sector, la onda expansiva o el fuego directo no recorrieran toda la línea.
Esta foto es la "clave" para entender el conjunto, ya que muestra el objetivo de las defensas:
  • El Núcleo Defensivo: Al fondo, en la cima del cerro, se observan las ruinas de una edificación de gran tamaño. Por su posición dominante, podría haber sido un cortijo fortificado o un puesto de mando.
  • Líneas de cintura: Se ve claramente cómo el sinfín rodea la elevación, creando un perímetro defensivo que obligaba a cualquier atacante a avanzar cuesta arriba mientras era expuesto desde las posiciones superiores.
  • Terreno hostil: La presencia de afloramientos rocosos y suelo granítico explica por qué se optó por construir muros de piedra hacia arriba en lugar de excavar profundamente en el suelo, que sería extremadamente duro.


El cierre de la bolsa: El principio del fin
En julio de 1938, el bando nacional lanzó una ofensiva coordinada desde varios puntos para "estrangular" este saliente. Es lo que históricamente conocemos como el Cierre de la Bolsa de La Serena.
  • Desde La Zamarrilla se podía "sentir" el cierre de las tenazas.
  • Al caer las posiciones de vanguardia, esta segunda línea se convirtió en el último refugio antes de la retirada general hacia el Zújar.
  • Las fotografías de 2008 captan el estado de unos muros que, en julio del 38, vieron pasar a miles de hombres en una de las maniobras más rápidas y decisivas de toda la guerra en suelo extremeño.
Un archivo que sobrevive al olvido
Lo más valioso de este reportaje que recuperamos hoy es que muchas de estas estructuras han sufrido el paso de la erosión y el expolio en los últimos 20 años. Las fotos de aquel mayo de 2008 son, en muchos casos, la última prueba fiel de cómo era la disposición exacta de los nidos de ametralladora y los abrigos de tropa antes de que el tiempo siguiera haciendo su trabajo. 

 José Pecero Merchán.
Memorándum:
La Guerra Civil, como en muchos otros pueblos de la comarca, fue cruel, cobrándose un centenar de víctimas. Siendo destacable la permanencia de la línea divisoria del territorio republicano frente al nacional en nuestro término. Cabe destacar las batallas en las zonas de Tamburrero y Los Argallanes. En esta época se perdió también el rico patrimonio artístico de la iglesia parroquial.
Tras la ocupación de Valle de la Serena durante el cierre de “la bolsa de la Serena”, a finales de julio de 1938 se empezó a detener a las personas que habían tenido algún tipo de relación con la causa republicana y los partidos de izquierda. El 11 de agosto de 1938 ocurrió el 1.° fusilamiento, asesinando al último alcalde republicano y a otras personas vinculadas con dicha alcaldía. El 17 de septiembre se produjo el 2.° fusilamiento. Con el final de la guerra y la llegada de vecinos desde la zona derrotada “Campo Rojo”, se sucedieron las detenciones; pasados algunos días, se volvieron a producir los fusilamientos, en mayo los días 8 y 11 y finalmente el 9 de junio.
El primer pueblo que en Extremadura lleva a cabo las exhumaciones de las víctimas de la represión es el Valle de la Serena. En este pueblo hay dos momentos: uno por pura iniciativa ciudadana, marzo del año 1979, aun con un ayuntamiento franquista, y otro, el segundo, ya con el apoyo del nuevo ayuntamiento democrático, a partir de abril, cuando el socialista Emilio Cabezas Acedo toma posesión de la alcaldía. El Valle de la Serena es un pueblo que nunca tuvo cruz de caídos del llamado bando nacional. Aquí la memoria estaba intacta. Pudieron reconstruir el listado completo por grupos con la fecha exacta del fusilamiento de cada uno. Existían cuatro lugares donde se produjeron los enterramientos y la posterior inhumación de los cuerpos.
Fueron las propias familias de las víctimas las que decidieron exhumarlos, rescatarlos, devolver al pueblo su memoria y dignamente darles la sepultura que sus verdugos les negaron. La memoria estaba intacta, silenciada, pero intacta. Se levantó un mausoleo con cuatro caras y en cada una un listado de las víctimas bajo cuatro leyendas. Los mensajes, como antes decíamos, no transmiten ni rencores ni venganzas, transmiten reconciliación y justicia; simplemente se trata de la restitución de la memoria histórica. Este es uno de tantos ejemplos que pudiéramos poner para que se entienda un poco más el sentimiento que inspiró aquellas exhumaciones, que es el mismo que inspira las que se hacen ahora, eso que muchos se niegan a entender. No se trata de abrir heridas, se trata de cerrarlas; no se trata de despertar odios, se trata de amortiguar amarguras viejas que impiden visiones nuevas; no se trata de interesadas maniobras políticas, se trata de atender una demanda ciudadana, se trata de cumplir con algo que debiera quedar fuera de toda discusión. En una democracia no puede haber víctimas de una dictadura esparcidas por los campos y cunetas. Sirvan, pues, como ejemplo de todo lo dicho anteriormente, los mensajes que en el Valle de la Serena se pusieron en las cuatro caras del panteón que por fin acogió a las víctimas de la represión, un pueblo donde el bando vencedor no tuvo víctimas.
RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA EN
EXTREMADURA: INVESTIGACIÓN, LOCALIZACIÓN Y
EXHUMACIÓN DE FOSAS





viernes, 7 de febrero de 2025

Un Viaje a los Frentes Olvidados. Cerro Reventón y Cerros Próximos a Casa de Valdeprados.

Hoy empezamos un nuevo proyecto, después de muchos años estudiando mapas, intentando buscar sitio y descartando posiciones que existieron en realidad porque supuestamente ya no existía ninguna trinchera, ningún búnker, no existía ningún vestigio, como ahora llamamos, de la Guerra Civil en Badajoz de esa posición.

«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»

 Pues nada, como siempre mis ocurrencias, visitar esos sitios, visitar los sitios donde desde el mapa satélite no se aprecia nada y, por el contrario, el mapa de los vuelos americanos de 1957 y se ve una gran trinchera, o una buena posición, por decirlo más técnicamente, de defensa de esta zona del frente.



Y como no este sábado vamos a empezar, nos sentamos el amigo Miguel y yo (Pepe) e hicimos un planteo de acercarnos a Argallanes; en un último momento cambiamos de parecer (por aquello de las cuestas, no más) y nos vamos a la zona de Don Benito (mucho más llano el terreno, je, je, je). 

Situado en el río Guadámez, río que divide la zona en la guerra, en una margen del río las fuerzas franquistas, con posiciones como la china, pegotes de cámara, los manantiales, etc.
En la otra margen del río Guadámez, fuerzas republicanas con posiciones de Sierra Ortiga, Cerro Reventón y, bueno, estas que visitaremos este sábado. Que olvidamos en los archivos y que, según el mapa del 1957, tenían casi 3 km, que cubrían el río justamente en frente de las posiciones franquistas. 

  Hoy con esta nueva gran aventura que vamos a empezar, pues la estudiamos para empezar allí, vamos a ver si encontramos algo que es una pequeña señal de la posición o unos metros de la trinchera original y, bueno, pues, ya seguiré contando el resultado del sábado por la mañana y publicaré todo el lunes sin falta. Como explicó en el enunciado, nos desplazamos a la zona de Don Benito.

 Para intentar seguir el frente republicano del río Guadámez. En principio, nos centramos en los frentes que, por oídas o por referencia en libros, prensa, a veces por intuición, la cual falló algunas veces, comenzamos a documentar lo seguro.

En este frente, documentamos a Sierra Ortiga, por parte republicana, y a Pegotes de Cámara, por parte franquista. Este frente se establece a finales de octubre del 1936 hasta julio del 1938. Podemos imaginar que durante ese tiempo fue un frente tranquilo, con algunas escaramuzas y poco más.





Un Viaje a los Frentes Olvidados. Las Gameras, Frente Republicano, Don Benito.

Nuestro nuevo proyecto nos lleva a explorar los frentes de la Guerra Civil en Badajoz, buscando los vestigios de un conflicto que marcó profundamente nuestra tierra. Nos propusimos visitar los lugares donde supuestamente se ubicaron estos frentes, la línea divisoria entre la República y los sublevados.
El 1 de marzo de 2024 iniciamos esta aventura con una primera salida exitosa. Encontramos trincheras y los restos de un nido de ametralladora, aunque este último estaba completamente destruido.

«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»



Desde entonces, y hasta enero de 2025, hemos continuado la investigación, aunque con algunas interrupciones. El verano en nuestra región dificulta mucho el trabajo de campo, y la campaña de la vendimia nos obligó a detenernos durante dos meses.

El 20 de noviembre de 2024 pudimos retomar la búsqueda y visitamos Pegotes de Cámara. Allí documentamos las pinturas y grafitis que aún se conservan en los búnkeres de la posición franquista. Esta visita nos permitió publicar un nuevo artículo y nos impulsó a seguir adelante con el proyecto.

El 3 de diciembre de 2024 volvimos a la línea del frente, esta vez para explorar la posición de Las Gamera, en el término de Don Benito. Desafortunadamente, la densa niebla de ese día dificultó enormemente la visibilidad. Apenas podíamos ver a 10 metros de distancia. A pesar de ello, encontramos un vestigio de forma fortuita. Tomamos una fotografía y regresamos con la intención de volver en mejores condiciones.

El 17 de enero de 2025 regresamos a Las Gamera. Con un tiempo mucho mejor, un sol espléndido iluminaba el valle del Guadámez. Desde la posición, la vista era impresionante; se divisaban perfectamente Pegotes de Cámara, la posición sublevada. Confirmamos entonces lo que habíamos visto en los mapas.

En Las Gamera, la posición republicana, documentamos tres fortificaciones. Aunque reconozco que las fortificaciones republicanas en esta zona eran modestas, la experiencia valió la pena. A pesar del frío, el sol nos acompañó y pudimos obtener una fotografía que testimonia la existencia de este frente.

En definitiva, ¿existen vestigios de la Guerra Civil en estos lugares? Sí. ¿Son difíciles de encontrar? También. ¿Es duro el camino? Sin duda. Pero la recompensa de documentar la historia y fotografiar estos lugares, que fueron escenario de un conflicto crucial, es inmensa. Nos permite afirmar con certeza: aquí hubo un frente, aquí se libró una parte de nuestra historia.




lunes, 19 de febrero de 2024

Campo de concentración de Castuera. El fantasma de la represión.

El régimen de Franco estableció campos de concentración en España durante la guerra civil española. Uno de estos campamentos estaba situado en Castuera, localidad de la provincia de Badajoz. El Campo de Castuera se estableció en 1939 y se utilizó para recluir a prisioneros de guerra y opositores políticos al régimen. Las condiciones en el campamento eran duras e inhumanas. Los prisioneros sin apenas alimentos. Muchos murieron por desnutrición, enfermedades y malos tratos… Fue parte de una red más grande de represión y control. El régimen usó estos campamentos como una herramienta para reprimir la disidencia y mantener su control sobre el poder.

 

Esfera (Canal Extremadura TV) 2011.


 Hoy, la memoria del campo de concentración de Castuera y los demás campos del régimen de Franco se honra a través de esfuerzos para preservar registros históricos, artefactos y testimonios. Esto ayuda a garantizar que las generaciones futuras comprendan las atrocidades cometidas por el régimen y trabajen para evitar que tales atrocidades vuelvan a ocurrir. Su legado sirve como recordatorio de los peligros del autoritarismo y la importancia de salvaguardar los derechos humanos.

   Enlace de interés: Castuera. Campo de concentración franquista, visita del 12-03-2023, Artículo.





martes, 13 de junio de 2023

Los forenses entran este lunes por primera vez en las criptas de Cuelgamuros para exhumar a 128 víctimas reclamadas por sus familias.

 Publicación del EL PAIS

Miembros de la policía científica ayudarán en la identificación de las cajas para obtener restos óseos con los que cotejar el ADN. Algunos descendientes llevan 20 años esperando este momento


Laboratorio instalado en el interior de la basílica del Valle de Cuelgamuros para examinar los restos recuperados de los columbarios. RAÚL SALGADO.

Madrid - 11 JUN 2023 11 JUN 2023 - 20:00 CEST    EL PAIS

Un equipo multidisciplinar de 15 técnicos va a iniciar este lunes, según adelanta EL PAÍS, las tareas de exhumación en el Valle de Cuelgamuros —el nombre que adquirió en 2022 el Valle de los Caídos— para tratar de recuperar los restos reclamados por familiares de 128 víctimas de la Guerra Civil; la mayoría, represaliados del franquismo. Fausto Canales, que tiene a su padre y a su tío enterrados en el mausoleo, lleva 20 años esperando este momento. En el interior de la basílica se ha instalado un completo laboratorio forense, con aparato de rayos X, microscopios, herramientas de medición, mesas e iluminación especiales para que los expertos puedan trabajar. En la operación, impulsada por el Gobierno para cumplir la Ley de Memoria Democrática, participan, además de seis forenses, un grupo de arqueólogos, odontólogos, genetistas y cuatro miembros de la policía científica, cuya misión específica consiste en ayudar a identificar las cajas en las que están enterradas las víctimas si los números de inscripción no se aprecian bien a simple vista.

En diciembre, operarios de la empresa pública Tragsa, arquitectos y otros especialistas de Patrimonio Nacional comenzaron a acondicionar el área para proteger el retablo, asegurar las estructuras arquitectónicas y garantizar la seguridad de los técnicos, que trabajarán con equipos de protección individual, gafas, mascarilla, guantes y botas de aislamiento. Se han colocado, además, filtros de aire para minimizar la aspiración del polvo en suspensión en la zona de los columbarios.

Fausto Canales posa con las fotografías de su padre, Valerico, y de su tío Victoriano, ambos enterrados en el Valle de Cuelgamuros. VÍCTOR SAINZ.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Al igual que ocurrió con la exhumación de la tumba del dictador Francisco Franco en octubre de 2019, el proceso fue paralizado en los juzgados durante meses. En un primer momento, por grupos franquistas y antimemorialistas, y después, por la alcaldesa de San Lorenzo de El Escorial, Carlota López Esteban, del PP, quien se negó a autorizar la licencia de obra para intervenir en las criptas y llegó a declarar ante un juez acusada de prevaricación el 25 de enero. El Tribunal Supremo no admitió a trámite en marzo el último recurso de la Fundación Franco para tratar de imponer medidas cautelares y suspender los trabajos. La llamada Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos amenaza con querellas por profanación.

El dispositivo se ha diseñado para atender las 128 reclamaciones de restos presentadas por familiares de víctimas pertenecientes a ambos bandos, el franquista y el republicano, siendo este último el grupo mayoritario. En la capilla del Santo Sepulcro, donde van a empezar a intervenir este lunes, se busca a 78; y en la del Santísimo, donde se intervendría en una segunda fase, a 39. Hay también restos de víctimas en otras criptas, donde los técnicos entrarán más adelante. En Cuelgamuros fueron enterradas, en total, 33.847 personas, el equivalente a la ciudad de Teruel.

Cuando Franco ideó el monumento para inmortalizar su victoria en la Guerra Civil, pensaba que las obras iban a prolongarse cinco años, pero fueron 19 y, para entonces, muchas viudas de los “caídos por Dios y por España”, como las de los asesinados en Paracuellos, rechazaron el traslado de los restos al mausoleo. El Ministerio de la Gobernación pidió entonces por carta a los ayuntamientos cuerpos para introducir en las criptas, y muchos de ellos contestaron que no tenían víctimas franquistas, pero sí “fosas del ejército rojo”. El régimen aceptó y, por todo el territorio nacional, sin que sus familiares lo supieran, se abrieron fosas comunes de republicanos para trasladar los cadáveres al Valle. En algún caso, como ocurrió en la fosa donde había sido enterrado, junto a otras seis personas, Valerico Canales, el padre de Fausto, se dejaron, con las prisas, un cráneo, vértebras, piezas dentales… que fueron descubiertas por los descendientes en 2003.

Documento en el que un Ayuntamiento responde al Régimen que no tiene restos de caídos del bando nacional para enviar al Valle de los Caídos, pero sí fosas del "ejército rojo".CEDIDA POR QUERALT SOLÉ.

Cuando, con el paso de los años, ya en democracia, los familiares de las víctimas descubrieron que los restos habían sido trasladados al Valle de los Caídos, ahora llamado de Cuelgamuros, comenzaron a reclamar su traslado. En 2016, Manuel Lapeña obtuvo una sentencia a favor de la exhumación de su padre y de su tío,pero murió pero murió en 2021, a los 97 años, sin haber podido cumplir su deseo por la catarata de recursos presentados por grupos profranquistas y antimemorialistas. Su hija, Purificación Lapeña, ha continuado su lucha. Otros familiares que reclaman los restos tienen también una edad muy avanzada, como Mercedes Abril, de 89 años, y Silvino Gil, de 87. Ambos quieren recuperar a sus respectivos padres.

Manuel Lapeña, primero por la izquierda, mostraba una fotografía de su padre fusilado, acompañado de su familia en su casa de Zaragoza en 2016. BERNARDO PÉREZ.

El régimen estableció cuatro clases de muertos: A, B, C y D, según dónde estuvieran enterrados y si estaban o no identificados. Solo para mover cadáveres de la clase A era necesaria la “conformidad familiar”. Los restos se introdujeron en cajas de madera individuales, de 60 x 30 x 30 centímetros, o colectivas, de 120 x 60 x 60 centímetros, con anotaciones sobre su lugar de origen. El equipo técnico designado ahora por el Gobierno ha analizado con unas pértigas con cámara cómo se encuentran los columbarios, y en algunos niveles —en el interior de la cripta hay cinco— el estado es mejor de lo que esperaban. Aprovecharán la búsqueda de los restos reclamados para limpiar y renovar otras cajas que pudieran estar deterioradas. Solo las correspondientes a las reclamaciones familiares serán trasladadas al laboratorio en el interior de la basílica para proceder al análisis antropológico.

Operarios colocan las cajas con restos traídos desde distintas provincias en el interior del Valle de los Caídos en los años cincuenta. En primer plano, restos procedentes de Castellón de la Plana, Ávila y Aldeaseca. EFE

Método de trabajo y cadena de custodia.

La historiadora Queralt Solé, autora de varios estudios sobre el Valle de Cuelgamuros, ha realizado, junto al historiador David Tormo, una investigación específica sobre la biografía y el recorrido de las víctimas cuyos restos reclaman las familias. Los seis forenses (Elisa Cabrerizo, Enrique Dorado, Ignasi Galtés, Elisa Ruiz-Tagle, José Luis Prieto y Fernando Serrulla), de amplia experiencia, seguirán el protocolo de Minnesota de Naciones Unidas para garantizar el correcto registro y la cadena de custodia de los restos. Entre la zona de los columbarios y el laboratorio se han construido sendas esclusas de aislamiento. Las cajas serán limpiadas con aspiración, examinadas por la policía científica (el exterior) y por los forenses, que decidirán cuál es la mejor pieza (un hueso, un diente…) para tomar una muestra. En esta primera fase, de Cuelgamuros no saldrán, en ningún caso, esqueletos, sino esas muestras que se analizarán en el Instituto Nacional de Toxicología para cotejarlas con las muestras genéticas de los familiares.

Dentro de la cripta, las cajas están dispuestas en cinco niveles de altura y, por seguridad, se trabajará de abajo a arriba. Comienzan por la capilla del Santo Sepulcro porque es la que alberga el mayor número de reclamaciones de restos y porque en ella se cree que fueron inhumados los hermanos Lapeña y en ese caso hay una sentencia judicial pendiente de cumplimiento desde 2016. Toda la información recabada se documentará en un informe pericial que integre los documentos elaborados por los distintos especialistas, que contarán con el apoyo de un consejo asesor presidido por el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, e integrado, entre otros, por los directores del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses y el Instituto de Medicina Legal y uno de los mejores forenses del mundo, Francisco Etxeberria, al que Chile pidió ayuda para examinar los restos del cantautor Víctor Jara, los del expresidente Salvador Allende y los del poeta Pablo Neruda.

Los trabajos se prolongarán previsiblemente más allá de las elecciones del 23 de julio, cuando el Ejecutivo estará en funciones, pero a partir de ese momento su continuidad depende del Gobierno que salga de las urnas. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha anunciado que derogará la Ley de Memoria Democrática si llega al Gobierno. Su eventual socio, Vox, ha sido especialmente beligerante contra la norma. El actual ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, de cuyo departamento depende la secretaría de Estado de Memoria Democrática, insistió la pasada semana en que permitir que las familias puedan recuperar los restos de sus seres queridos “no es política, es humanidad”, y subrayó que “un demócrata” no debería oponerse a los avances que ha supuesto la ley.

Las exhumaciones en las criptas del Valle de Cuelgamuros forman parte de un proceso de resignificación del monumento franquista que arrancó en 2007, al prohibirse los actos de exaltación de la Guerra Civil en sus inmediaciones; continuó en 2019 con el traslado de los restos de Franco, prosiguió con los de Primo de Rivera, fundador de Falange, en marzo, y debía concluir con un centro de interpretación o museo que sirva para explicar al visitante qué era el nacionalcatolicismo y para qué y por quién (mano de obra presa) se construyó el monumento. El adelanto electoral ha salvado, de momento, a la comunidad benedictina, que iba a ser expulsada del recinto por un decreto del Gobierno al considerar “incompatible” su presencia con los nuevos fines del monumento. La pirámide con la que el dictador quiso inmortalizar su victoria en 1939 se convertirá, durante los próximos meses, en un laboratorio forense.

https://elpais.com/espana/2023-06-11/los-forenses-entran-este-lunes-por-primera-vez-en-las-criptas-de-cuelgamuros-para-exhumar-a-128-victimas-reclamadas-por-sus-familias.html?event_log=oklogin


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