Es una excelente noticia. Cuando la investigación de campo se cruza con hallazgos en el archivo (esas "carpetas" que ahora nos revelan nuevos detalles), la historia cobra una dimensión mucho más real.
He reestructurado el texto integrando esos nuevos matices para que el lector sienta que te acompaña en el descubrimiento, desde la incertidumbre inicial en el terreno hasta la confirmación de los datos históricos.
La investigación histórica es, a menudo, un camino de ida y vuelta entre el barro del terreno y el polvo de los archivos. Hoy vuelvo a documentar la zona de Valle de la Serena, centrándome en un punto crítico: el Cortijo de Tamburrero, el lugar donde el Regimiento Castilla tuvo su primer contacto bélico con las milicias republicanas.
El azar y la memoria oral
Me introduje en la finca siguiendo el rastro de unas trincheras hoy cegadas. Reconozco que al principio caminaba sin rumbo, más perdido que otra cosa, pero el destino a veces es generoso. En mitad del campo nos encontramos con Rafael, quien nos presentó a Jerónimo, el cortijero. Gracias a la memoria de estos dos hombres, las piezas del puzle empezaron a encajar: ellos han sido la llave para documentar casi todos los frentes de la zona.
Arqueología de guerra: Trincheras y casamatas
En la ladera, justo detrás del cortijo, las trincheras miran hacia Puebla de la Reina y Palomas. Mientras mis compañeros Gabriel y Miguel documentaban la posición, yo no podía dejar de pensar en quienes ocuparon esta vanguardia.
Esta fotografía es un testimonio mudo, pero elocuente, de la violencia que transformó la paz de estas tierras en octubre de 1936. Lo que observamos no es una simple construcción agrícola, sino el esqueleto de una posición de vanguardia que aguantó el peso del primer contacto bélico en el Valle de la Serena.
Hay paredes que dejan de ser arquitectura para convertirse en archivo. Esta fachada trasera del Cortijo de Tamburrero es una de ellas. Al acercarnos, el blanco desgastado del cal nos revela una historia escrita a base de plomo y resistencia.
Aquí, en lo que fue la primera línea del frente, la cotidianidad del jornalero fue sustituida bruscamente por la urgencia del soldado. Las troneras que vemos perforando el muro fueron el último parapeto para aquellos milicianos, muchos de ellos jóvenes de Don Benito, que se vieron sorprendidos por el avance de las tropas franquistas en aquel otoño de confusión.
Cada impacto en la piedra cuenta un segundo de aquel ataque del 10 de octubre. Es estremecedor pensar en el estruendo de los disparos rebotando en este patio, contrastando con el silencio absoluto que hoy envuelve la finca. Este muro no solo separaba el interior del exterior; separaba la vida de la muerte en una zona que, hasta ese momento, se consideraba erróneamente una "tierra de nadie".
Hoy, gracias a la labor de documentación y a testimonios como los de Jerónimo y Rafael, estas piedras dejan de ser escombros para ser memoria viva de un frente olvidado que, por fin, recupera su lugar en la historia.
Ya en el patio del cortijo, Jerónimo nos mostró un hallazgo sorprendente: un nido de ametralladora (fortín) convertido hoy en perrera. Es una de esas ironías de la historia: un refugio diseñado para la guerra que hoy sirve para un fin mucho más noble.
El secreto bajo el suelo: Jerónimo guarda un relato fascinante heredado de sus antepasados, quienes fueron jornaleros del cortijo. Cuentan que la entrada al edificio se hacía a través de un túnel que llegaba hasta el mismo comedor. El trasiego de personas en aquel entonces era tal que su abuelo nunca olvidó la impresión de ver a tantos hombres concentrados en un lugar tan remoto.
Contexto de la posición (octubre de 1936)
Tras el caos inicial del levantamiento, el frente se estabilizó al oeste del valle de La Serena. El Cortijo de Tamburrero se convirtió en un baluarte republicano, defendido por milicianos bajo el mando de un joven de Don Benito.
- Tierra de nadie: El área al oeste de Tamburrero se consideraba una zona muerta, sin aparente valor estratégico debido a las malas comunicaciones.
- El ataque: La calma se rompió el 10 de octubre de 1936 (el 12 de octubre según el diario del 1.er Batallón de Castilla). Los franquistas lanzaron una ofensiva por sorpresa, obligando a los milicianos a evacuar, aunque el frente se restablecería poco después con la llegada de refuerzos.
- Fuerzas implicadas: En el asalto participaron el 1.° y el 5.° batallón del Regimiento Castilla.
Referencia bibliográfica: Tropas en un frente olvidado, de José Hinojosa Durán.
José Pecero Merchán (El artículo originalmente se publicó el 19-12-2011), siendo ampliado el 04/02/2026. Al incorporar fotos de la trasera del corijo con troneras e impactos de balas en las paredes.
Reflexión final: La importancia de la palabra viva
Este viaje a Tamburrero me ha recordado que la historia no solo se escribe con partes de guerra y mapas de situación. Los documentos nos dan las fechas y las unidades, pero son personas como Jerónimo y Rafael quienes nos devuelven la dimensión humana del conflicto.
Sin el testimonio oral, el túnel que llegaba al comedor o la impresión de los jornaleros ante la masa de soldados serían datos perdidos para siempre. Rescatar estas historias antes de que se apaguen es una carrera contra el reloj; cada vez que un informante nos abre las puertas de su memoria, nos está entregando un tesoro que ningún archivo oficial puede replicar. Documentar el terreno es importante, pero escuchar a quienes lo habitan es, sencillamente, imprescindible.
José Pecero Merchán investigador de la memoria histórica en Extremadura
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