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lunes, 17 de agosto de 2026

Arqueología del Conflicto: Línea Defensiva Republicana en el Frente del Río Guadámez (Higuera de La Serena), Frente de Extremadura.

Campaña de Prospección y Registro Documental de Campo (Archivo Fotográfico: Registro 13 de junio de 2008)

Resumen e Introducción Histórica

Durante la guerra civil española (1936–1939), el frente extremeño constituyó un escenario de desgaste prolongado y fortificación sistemática tras la estabilización de las líneas a finales de 1936 e inicios de 1937, culminando en la decisiva ofensiva de La Serena (julio de 1938).

En el sector comprendido entre el río Guadámez y el término municipal de Higuera de La Serena, el Ejército Popular de la República (VII Cuerpo de Ejército) desplegó un complejo sistema de defensa en profundidad. La doctrina de fortificación republicana de la época —influenciada por manuales de ingeniería de campaña— no concebía el frente como una línea estática continua, sino como una sucesión de escalones tácticos: una primera línea de contacto directo (habitualmente apoyada en cursos fluviales como el propio Guadámez o cotas avanzadas) y una segunda línea de resistencia o contención, situada a contrapié o en alturas dominantes secundarias, destinada a absorber rupturas locales, albergar reservas y canalizar el fuego de armas automáticas.

El conjunto de vestigios documentados el 13 de junio de 2008 en este sector ilustra de forma canónica la tipología constructiva mixta empleada por el cuerpo de zapadores e infantería republicana: desde trincheras excavadas a cielo abierto en suelo arcilloso hasta ramales reforzados con mampostería en seco de piedra del terreno.


«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»

 


Análisis del dispositivo defensivo y Registro Fotográfico

1. Dominio visual y trinchera de comunicación Terriza

Vista panorámica desde la cota defensiva hacia el valle y dehesas del Guadámez. En primer término se aprecian los parapetos de tierra vertida de las zanjas de tirador, dominando un amplio sector de tiro desenfilado hacia las estribaciones montañosas.

La elección de la posición responde a principios clásicos de la táctica de fuegos: se asienta sobre una suave elevación que bate directamente las llanuras adehesadas circundantes, permitiendo a los defensores anticipar cualquier avance mecanizado o de infantería enemiga.

 Trazado en zigzag y puestos de tiro

 Sección excavada en terreno arcilloso mostrando la inflexión en quiebro o zigzag y la berma de protección.

Detalle del pozo de tirador/nido de resistencia integrado en la trinchera terriza, cubierto parcialmente por vegetación de matorral mediterráneo.

El trazado quebrado o en zigzag es fundamental en la arquitectura militar de trinchera: previene los efectos de fuegos de enfilada si el atacante logra ganar un flanco del foso, y mitiga la onda expansiva y la metralla en caso de impacto directo o cercano de proyectiles de artillería o aviación.

 Ramales de acceso y pozos de Abrigo Desenfilados

Trinchera de comunicación (boyau) excavada en el talud, que servía como vía protegida de suministro y evacuación hacia la retaguardia.

En esta sección se observa la profundidad del corte estratigráfico en la tierra. Estas zanjas profundas garantizaban el tránsito seguro de municionamiento, camilleros y relevos de tropa desde los puestos de mando de batallón hacia los pozos de tirador avanzados.

 Fortificación en piedra: Nidos y muros de mampostería en Seco

 Tramo de trinchera revestido con mampostería en seco de piedra del lugar (pizarra y cuarcita).

Vista cenital del corredor fortificado en piedra, mostrando el recrecido del parapeto para protección balística.

Donde la roca madre impedía una excavación profunda, los zapadores republicanos recurrieron a la técnica tradicional de mampostería en seco, utilizando las cuarcitas y pizarras locales. El muro no solo consolidaba las paredes de la trinchera evitando desprendimientos por lluvia, sino que constituía un sólido pretil capaz de resistir impactos de fusilería y metralla ligera.

Esta estructura presenta las características típicas de un nido de tirador cilíndrico/pozo de observación fortificado de campaña, una tipología muy reconocible en las posiciones fortificadas republicanas de la comarca de La Serena.

Análisis constructivo y funcional

  • Brocal perimetral: El remate superior poligonal/circular, recrecido con mortero y bloques canteados, servía de parapeto y apoyo para el arma (fusil o fusil ametrallador), ofreciendo una cobertura de 360° con una silueta mínima sobre la rasante del terreno.

  • Muro interior en mampostería: Las paredes interiores están forradas con piedra careada del terreno unida con argamasa, lo que evitaba el colapso de las paredes de tierra y daba solidez ante impactos cercanos.

  • Conexión y emplazamiento táctico: Este tipo de pozos circulares solía estar conectado mediante una trinchera de comunicación o zanja de aproximación a la línea principal o a los abrigos de tropa, funcionando tanto como puesto de centinela/observación como nido para batir ángulos muertos.

Comparativa con Sierra Ortiga

La referencia a la estructura de Sierra Ortiga (en el sector de la Casa de la Sierra / puesto de milicianos) encaja directamente con los patrones de ingeniería militar del VII Cuerpo de Ejército en este frente:

  • Estandarización de obra: En sectores consolidados de La Serena y las estribaciones de Ortiga y el Guadámez, los zapadores republicanos replicaron estos pozos circulares tanto en cotas abiertas como en torno a cortijos y casas de labor fortificadas para batir los accesos inmediatos.

Inserción documental para el artículo

Vista general del pozo de tirador/observador circular exento, integrado en el terreno y rematado con parapeto de mampostería y mortero.

 Detalle del interior del pozo fortificado, mostrando el revestimiento de piedra careada para consolidación estructural y protección de 360 grados.

 Emplazamientos para armas automáticas y Observatorios

 Posible nido circular o pozo de ametralladora/fusil ametrallador construido con grandes bloques líticos.

 Corredor de comunicación estrecho flanqueado por gruesos muros de piedra, destinado a unir los núcleos de fuego de la posición.

La estructura semicircular documentada en estas tomas corresponde con gran probabilidad a un asentamiento de fusil ametrallador (tipo Maxim, Maxim-Tokarev o Chauchat/Hotchkiss) o puesto de tirador selecto, concebido para barrer sectores cruzados de la pendiente.

 Control estratégico y Perspectiva Táctica del Valle

 Perspectiva desde el puesto fortificado en piedra hacia el valle de La Serena y las dehesas del Guadámez.

Detalle angular de la casamata/parapeto lítico integrado en la topografía natural.

Desde este ángulo se constata el valor de la segunda línea: si la vanguardia apostada en el cauce del río Guadámez cedía ante una ofensiva envolvente, los defensores podían replegarse de manera ordenada hacia esta cota dominante artillada con armas automáticas, forzando al enemigo a avanzar en campo abierto batido por fuego directo.


Conclusiones históricas y Valor Patrimonial

Las estructuras conservadas en las inmediaciones de Higuera de La Serena representan un testimonio arqueológico excepcional de la resistencia republicana en la provincia de Badajoz.

Lejos de tratarse de obras improvisadas, el registro fotográfico evidencia un diseño ingenieril metódico: aprovechamiento integral del relieve, combinación eficiente de materiales geológicos autóctonos (tierra y piedra) y sectores de tiro perfectamente coordinados. Estas posiciones desempeñaron un papel clave de contención hasta la ruptura definitiva del frente de La Serena en el verano de 1938 por las tropas sublevadas, convirtiéndose hoy en un elemento esencial del patrimonio histórico y de la memoria material del conflicto en Extremadura.

José Pecero Merchán

martes, 28 de julio de 2026

Regreso a las trincheras de Puerto Mejoral: MEMORIA Y HORMIGÓN BAJO EL SOL DE LA SERENA. Frente de Extremadura.

Hay días de exploración que se quedan grabados no solo en la cámara, sino en la memoria. Era el 7 de junio de 2009 cuando nuestros pasos nos llevaron de nuevo a Puerto Mejoral. Veníamos aún con el cansancio acumulado de aquella calurosa e inolvidable jornada de mayo en la Ermita de Belén y el Morro de la Soriana, donde las fuerzas amenazaron con fallarnos a medio camino. Sin embargo, la hospitalidad de un vecino —de esos que abren su puerta y su conocimiento sin pedir nada a cambio— nos devolvió el aliento para cumplir nuestra misión: desentrañar los secretos que aún custodia este rincón del Frente de Extremadura.

En este artículo os invitamos a recorrer con nosotros dos singulares nidos de ametralladora blindados y un entramado de trincheras que resisten el paso del tiempo. Acompañadnos en este viaje al pasado a través del archivo fotográfico que recuperamos aquel día y descubrid por qué la historia de La Serena aún tiene tanto que contarnos.


Con la mochila bien ajustada a la espalda y las coordenadas por fin fijadas en Google Maps, nos pusimos en marcha. El ambiente estaba cargado de esa emoción pura que precede a un descubrimiento. 

A mi lado caminaba el amigo Carlos, que por aquella época era apenas un crío, pero con los ojos brillantes y un hambre insaciable de aventuras. 
Mientras avanzábamos, le iba relatando los detalles de nuestra expedición, contagiándole la pasión por la búsqueda. La recompensa no se hizo esperar: de pronto, se alzó ante nosotros el primer búnker. 
Un imponente nido de ametralladoras, de hormigón y silencio, que aún hoy domina estratégicamente toda la línea ferroviaria entre Cabeza del Buey y Castuera forma parte de la histórica línea Ciudad Real-Badajoz, con una distancia de unos 28 kilómetros. El corazón nos dio un vuelco; allí estábamos, frente a frente con la historia.
 
Texto generado en su mayoría por inteligencia artificial.


El tiempo, sin embargo, es un río implacable que no se detiene ante el hormigón.

Pasaron los años, y el paisaje, aunque inmutable en su esencia, fue testigo de nuestro propio envejecimiento. La segunda imagen nos muestra de nuevo en el mismo lugar, frente al mismo búnker desgastado por la intemperie. Pero esta vez, el contraste es palpable. El hormigón muestra nuevas grietas, como arrugas que cuentan sus propias historias. Y nosotros… bueno, nosotros también llevamos las marcas del tiempo. Los cabellos grises son más visibles, las arrugas en nuestros rostros se han profundizado, y Carlos… Carlos ya no es el crío que anhelaba aventuras. Es un hombre, con la mirada curtida y la compostura de quien ha visto más mundo. Pero mientras tanto, el búnker sigue ahí, una mole inamovible de la que cuelgan ecos silenciados, resistiendo el paso de los siglos y el olvido. 


Nos quedamos en silencio, apoyados en los mismos muros que una vez nos intimidaron, y sentimos la inmensidad del tiempo. La primera imagen fue el punto de partida, la promesa de una búsqueda compartida. La segunda es el testimonio de esa promesa cumplida, de un viaje que comenzó con un juego de niños y se transformó en un descubrimiento de nuestra propia historia y de la fuerza indomable del espíritu humano. El búnker resistió, y nosotros también, unidos por un vínculo que el tiempo, lejos de desgastar, solo había fortalecido. Nuestra mochila, una vez llena de ilusiones, ahora estaba cargada de recuerdos y de una profunda comprensión: que la historia no está solo en los libros, sino en las grietas del hormigón, en el viento que sopla sobre la estepa y en los corazones que aún se emocionan al descubrirla.
 

Imagina caminar por una ladera aparentemente vacía, donde el viento solo silba entre la hierba seca y las jaras bajas. Crees que estás rodeado únicamente de naturaleza y montañas inmutables. Pero, de repente, la tierra se levanta. No es un promontorio natural; su textura es demasiado regular, demasiado dura. Es hormigón. Es historia pura que emerge ante tus ojos.
 

La primera imagen te hiela la sangre. Estás frente a una cúpula de cemento, rugosa como la piel de un gigante dormido. La luz del sol golpea su superficie, revelando las cicatrices del tiempo y de la intemperie. No es solamente una estructura; es un testigo. Te acercas y notas una hendidura central, una pequeña perforación. Te das cuenta con un escalofrío de que ese agujero ciego fue una vez un ojo que vigilaba este mismo valle, buscando el peligro en el horizonte. ¿Quién estuvo ahí de pie, con el corazón en un puño, mirando a través de esa rendija?
 

Rodeas la estructura y descubres su secreto. Allí, a la sombra de la cúpula, se abre un acceso. La imagen te muestra el momento exacto en que la aventura cobra vida: un joven explorador se asoma desde el interior. Lo que una vez fue un nido de ametralladoras, un lugar diseñado para la defensa y el conflicto, hoy es un portal para la curiosidad. La mirada de la persona dentro de la penumbra conecta el presente con el pasado. Puedes sentir la frialdad del cemento que le rodea y el eco silenciado de voces que se desvanecieron hace décadas.
 

Al alejarte un poco, la magnitud de la estructura se revela. El búnker se asienta desafiante contra el paisaje montañoso, rodeado de arbustos y maleza que han intentado, sin éxito, devorarlo. Es una mole de ingenio militar que se resiste a desaparecer. Estas ruinas no son silenciosas; gritan historias de un tiempo convulso que no debemos olvidar. Cada grieta en el cemento es un capítulo.
 


El Mensaje Tallado

Y justo cuando crees que lo has visto todo, la historia te susurra un secreto final. Un plano detalle revela algo conmovedor tallado en la propia piel del búnker. Son números y letras: "14 Γ Δ Z". No son marcas de fábrica; son una huella humana. Alguien, quizás un soldado esperando en la monotonía, decidió dejar su marca aquí. "Yo estuve aquí", nos dice desde el pasado. Esta pequeña inscripción transforma el cemento frío en una experiencia personal y nos obliga a preguntar: ¿Quién era él? ¿Qué pensaba mientras tallaba esas letras?

Descubrir este búnker es solo el principio. La zona está llena de estos guardianes olvidados. Cada uno tiene su propia forma, su propia cicatriz, su propio mensaje esperando a ser leído. ¿Te atreves a seguir el rastro y descubrir qué otros secretos aguardan en estas colinas? La historia está aquí, a tus pies.

Para entender verdaderamente lo que significaba estar dentro de uno de estos nidos de ametralladoras, hay que dejar de verlos como simples bloques de hormigón y empezar a sentirlos como lo que fueron: prisiones de supervivencia.

La angustia de la inmensidad: Si observamos la perspectiva lejana en la primera imagen, el búnker parece un pequeño caparazón perdido en la vastedad de la llanura, con la montaña como único testigo mudo. Para los soldados apostados allí, esa inmensidad no era un paisaje hermoso; era un océano de vulnerabilidad. Cada día que amanecía, el campo abierto se convertía en un escenario donde cualquier movimiento en el horizonte podía significar el final. La soledad allí debía ser abrumadora. Estaban aislados del resto del mundo, conectados solo por el hilo invisible del deber y el miedo.

El abrazo asfixiante del cemento. Al acercarnos a la estructura, como se aprecia en el segundo y tercer plano, el peso psicológico del lugar se hace evidente. Imagina ser uno de esos jóvenes, obligado a arrastrarte hacia ese interior oscuro y estrecho. La cúpula sobre sus cabezas, gruesa e implacable, era su única salvación contra la metralla, pero también una losa que los sepultaba en vida.

Allí dentro, los sentidos se alteraban:

  • El clima extremo: El hormigón es un conductor despiadado. Durante el día, bajo el sol implacable, el interior se convertía en un horno asfixiante donde el sudor se mezclaba con el polvo. Por las noches, el cemento irradiaba un frío que calaba hasta los huesos, haciendo que las horas de guardia fueran una tortura silenciosa.

  • El olor del miedo: El espacio reducido obligaba a convivir con el olor a pólvora, a tabaco barato, a humedad y al sudor frío del pánico contenido. Era una intimidad forzada donde nadie podía ocultar su terror.

Miguel siempre había sentido una conexión extraña con las colinas que rodeaban este pueblo. No era solo la belleza árida del paisaje, sino el eco de una historia silenciada que se filtraba entre las grietas de la piedra. Su chaleco utilitario, lleno de múltiples bolsillos que normalmente guardaban linterna, una brújula y un par de herramientas de geocaching, hoy parecía un uniforme involuntario. Se había convertido en el "Vigilante de la Memoria".

Esa mañana, tras un largo camino bajo el cielo azul cobalto salpicado de nubes dispersas, llegó a la cima. Allí, como un monstruo dormido pero aún imponente, descansaba el búnker. Su estructura abovedada de hormigón rugoso, curtido por décadas de sol y lluvia, estaba cubierta de líquenes de color gris pálido.

Miguel se detuvo, sintiendo el peso de la historia antes de ascender. Se sentó a horcajadas en la parte más alta de la estructura, como un gigante bondadoso sobre el techo de un mundo olvidado. Sus manos robustas, que habían encofrado estructuras de edificios, descansaban sobre sus muslos. Miró fijamente a la cámara, con una expresión firme pero reflexiva, no como un soldado en guardia, sino como un guardián de la paz.

Debajo de él, grabada a mano en el hormigón desgastado,estaba estaba el escudo del cuerpo de ingenieros. Era un agujero en la tela del tiempo. Sus botas de montaña, embarradas por el ascenso, contrastaban con la superficie inamovible del búnker.

"Setenta y un años", murmuró para sí mismo. "Y aquí sigues".

A través de la pequeña abertura (visera de observación/disparo) que se abría justo debajo de su posición, Miguel imaginó a los soldados. Sudorosos, asustados, vigilando un horizonte que ahora él veía en perfecta paz, tal vez a unos metros de donde él estaba sentado, mirando el mismo cielo azul y soñando con un futuro en el que su familia pudiera sentarse allí, no a matar, sino a recordar.

Miguel no llevaba armas en su chaleco. Sus bolsillos contenían un pequeño cuaderno donde anotaba las coordenadas de los búnkeres olvidados y una pequeña bandera blanca doblada que a veces colgaba de la visera, un gesto silencioso de reconciliación.

Se quedó allí mucho tiempo, el viento susurrando historias que solo él podía entender. El búnker ya no era una estructura de guerra, sino un monumento al silencio y a la fragilidad de la paz. Miguel, con su ropa de campo utilitaria, se sentía un centinela involuntario, pero necesario. Había cumplido su “guardia”. Con un último y respetuoso vistazo al escudo grabado, se levantó, dejando el búnker en paz bajo el cielo que tanto había visto.

El mundo reducido a una franja. Quizás el sentimiento más intenso era el que nacía al mirar por esas estrechas aberturas horizontales. Su mundo entero, su pasado y su futuro, se reducía a esa fina franja de luz sobre el campo seco. La guerra en estos búnkeres estaba hecha de un 90 % de espera agónica y un 10 % de terror absoluto. Horas, días y semanas escrutando la maleza, con los ojos ardiendo por el esfuerzo y el corazón latiendo desbocado ante el movimiento de un simple arbusto agitado por el viento.

Detrás de esos muros no había héroes de acero; había seres humanos que temblaban, que extrañaban sus hogares, que rezaban en susurros y que se aferraban a sus compañeros en la oscuridad, sabiendo que el hormigón que los protegía también podía convertirse, en cualquier momento, en su propia tumba.

La Trinchera Olvidada de Sierra Buitrera

Dejando atrás el hormigón: Tras completar la documentación fotográfica de los búnkeres de hormigón reforzado en la posición anterior, nuestra expedición se adentró en terreno más escarpado. Nos dirigimos, siguiendo pistas previas, hacia las cotas más altas de la Sierra Buitrera.

El hallazgo en la ladera: La información era precisa. Al alcanzar una curva de nivel específica en la falda de la sierra, entre la densa vegetación de matorral mediterráneo, localizamos los vestigios de una antigua línea defensiva.

La Trinchera Interpretada: Esta imagen captura el momento exacto en que me encuentro de pie sobre la estructura. Como podéis apreciar, no se trata de una fortificación de hormigón como las anteriores, sino de una trinchera de mampostería en seco. Estoy posicionado sobre la pirca (pared de piedras apiladas), que, aunque derruida y erosionada por el tiempo, aún dibuja claramente el parapeto defensivo. Llevo mi camisa de color claro y gafas, y sostengo un objeto (quizás una pipa o ajustando un detalle) mientras asimilo el hallazgo.

Dominio visual del terreno: Lo más impresionante de esta posición, y que la foto ilustra a la perfección detrás de mí, es el valor estratégico de las vistas. Desde este punto exacto, se tiene un dominio visual absoluto sobre la vasta llanura agrícola, los campos de cultivo y la vega que se extiende hasta las colinas en el horizonte lejano. Es fácil imaginar la función de vigilancia y control que cumplía este puesto en su momento. Estamos, literalmente, pisando la historia mientras contemplamos el paisaje que una vez fue zona de conflicto.

Espero que este texto refleje bien la transición y el significado de la foto.

A medida que ganábamos cota, la densa vegetación de matorral mediterráneo parecía querer ocultar los secretos del cerro. Sin embargo, siguiendo las curvas de nivel, la historia emergió entre la maleza.

Como se documenta en nuestro recorrido (ilustrado en las imágenes 47.jpg y 59_2.jpg), nos encontramos caminando directamente sobre la línea principal de una extensa trinchera. A diferencia de los búnkeres de la llanura, aquí no hay encofrados ni cemento. Nos encontramos inmersos en una cicatriz tallada en la propia montaña.

Análisis histórico: La Estrategia de la Piedra Seca

La observación sobre el terreno nos permite extraer varias conclusiones históricas sobre el valor táctico de esta posición en la Sierra Buitrera:

  • Arquitectura de oportunidad y mimetismo: La imagen 49.jpg muestra un detalle crucial del parapeto. La trinchera está construida mediante la técnica de mampostería en seco (piedras apiladas sin argamasa), utilizando exclusivamente la cuarcita y la pizarra extraídas del propio terreno. Esto indica una fortificación rápida, probablemente excavada a mano por las tropas para establecer una línea de frente inmediata. Además, el uso del material local garantiza un camuflaje perfecto desde el aire o la distancia.

  • Adaptación a la orografía: En la fotografía 52.jpg, podemos observar cómo el trazado de piedra serpentea, adaptándose milimétricamente a la topografía de la ladera. Esta disposición no es casual; busca maximizar la protección frente al fuego enemigo, evitando líneas rectas que serían vulnerables a ataques de enfilada.

La historia no solo se lee en los libros; se pisa, se toca y se respira en lugares como este. Explorar esta posición nos ha permitido dimensionar el esfuerzo y la dureza de las condiciones de quienes la construyeron y la ocuparon.

En la cumbre de nuestra exploración (como refleja la foto 57.jpg, donde Miguel y yo posamos tras culminar el ascenso), el contraste es abrumador. A nuestras espaldas, la inmensa llanura descansa hoy en paz, dividida en tranquilos campos de cultivo que se extienden hasta el horizonte. Bajo nuestras botas, sin embargo, la humilde piedra apilada sigue recordando que este mismo mirador natural fue, décadas atrás, un bastión defensivo de vital importancia.

Documentar la Sierra Buitrera es rescatar del olvido de la maleza estas cicatrices de piedra, asegurando que la memoria del terreno perdure para las futuras generaciones.

José Pecero Merchán.

Contexto histórico.

El contexto histórico de la Sierra Buitrera (o Sierra de Pico Buitrera) y el Puerto Mejoral está íntimamente ligado a la reconfiguración del Frente Extremeño en la comarca de La Serena durante la segunda mitad del año 1938 y principios de 1939. Tras la rápida ofensiva franquista que logró el "cierre de la Bolsa de la Serena" en julio de 1938, esta zona escarpada se convirtió en un escenario bélico de primer orden.
A partir de las fuentes documentales y arqueológicas, este es el contexto histórico detallado de la zona:
1. La Contraofensiva Republicana (agosto-septiembre de 1938): Tras perder el control de la comarca, el ejército republicano lanzó un fuerte contraataque el 22 de agosto de 1938 con el fin de recuperar el terreno perdido. Este empuje logró hacer retroceder a los franquistas, trasladando la dureza de los combates a las inmediaciones de lugares como Cabeza del Buey, el Castillo de Almorchón y el propio Puerto Mejoral. Sin embargo, el avance de las divisiones republicanas fue frenado en seco por la frontera topográfica natural que conformaba el macizo montañoso de las sierras de Castuera, Benquerencia, Buitrera, Tiros y Almagrera.
2. La estabilización del frente y el encastillamiento franquista. Al no poder quebrar esta barrera natural, el frente se estabilizó en otoño de 1938. Las autoridades militares franquistas prestaron entonces una especial atención a la defensa del Puerto Mejoral y la zona del castillo de Almorchón, erigiendo una fuerte línea defensiva. Para ello construyeron:
  • Tres casamatas de hormigón orientadas hacia el este para repeler ataques. Dos se ubicaron pegadas a la vía del tren (en la finca "Cerro Merchán") y la tercera más al sur, muy cerca del Puerto Mejoral, dominando la ladera norte del cerro.
  • Una línea de trincheras de retaguardia que se extendía desde la vía férrea hasta las inmediaciones del Puerto Mejoral. Estas posiciones estaban unidas por caminos de suministro que fueron construidos utilizando la mano de obra forzada de los Batallones de Trabajadores (prisioneros republicanos). En este sector se hallaba también la "Casa de los Elías", utilizada por los soldados franquistas.
3. La Sierra de Pico Buitrera y sus trincheras kilométricas Justo frente al puerto, serpenteando de forma continua por la falda de la Sierra de Pico Buitrera, se construyó una inmensa trinchera de casi 600 metros de longitud.
  • Origen republicano y reutilización franquista: Los estudios arqueológicos y la documentación militar revelan que esta colosal zanja fue excavada originalmente por el ejército republicano. No obstante, la zona cambió de manos y se constata que fue reutilizada y adaptada por el ejército franquista durante las nuevas operaciones militares que tuvieron lugar en enero de 1939 (la conocida como Batalla de Valsequillo o Peñarroya).
  • En los extremos de esta extensa línea de trinchera se levantaron parapetos fuertemente realzados, además de construcciones destinadas al descanso de los soldados y a servir como puestos de observación fortificados.

Valor patrimonial actual: Hoy en día, este conjunto conforma una de las zonas de arqueología militar más ricas de La Serena. Las enormes trincheras de la Sierra Buitrera quedaron espectacularmente a la vista tras un incendio forestal que arrasó el monte bajo que las ocultaba, revelando la magnitud de las obras bélicas. Por ello, ha sido integrada en las rutas del patrimonio histórico de la región (como la "Ruta del Puerto Mejoral a Castuera"), cuyo objetivo es mostrar los vestigios del campo de concentración cercano y la arquitectura del miedo que paralizó el frente hasta el final de la guerra.

 José Pecero Merchán


viernes, 6 de febrero de 2026

Valle de la Serena. Huellas de arcilla y memoria: El frente olvidado de Tamburrero.

Es una excelente noticia. Cuando la investigación de campo se cruza con hallazgos en el archivo (esas "carpetas" que ahora nos revelan nuevos detalles), la historia cobra una dimensión mucho más real.

He reestructurado el texto integrando esos nuevos matices para que el lector sienta que te acompaña en el descubrimiento, desde la incertidumbre inicial en el terreno hasta la confirmación de los datos históricos.

La investigación histórica es, a menudo, un camino de ida y vuelta entre el barro del terreno y el polvo de los archivos. Hoy vuelvo a documentar la zona de Valle de la Serena, centrándome en un punto crítico: el Cortijo de Tamburrero, el lugar donde el Regimiento Castilla tuvo su primer contacto bélico con las milicias republicanas.

«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipográfica y mejora de la redacción.»

El azar y la memoria oral

Me introduje en la finca siguiendo el rastro de unas trincheras hoy cegadas. Reconozco que al principio caminaba sin rumbo, más perdido que otra cosa, pero el destino a veces es generoso. En mitad del campo nos encontramos con Rafael, quien nos presentó a Jerónimo, el cortijero. Gracias a la memoria de estos dos hombres, las piezas del puzle empezaron a encajar: ellos han sido la llave para documentar casi todos los frentes de la zona.


Arqueología de guerra: Trincheras y casamatas

En la ladera, justo detrás del cortijo, las trincheras miran hacia Puebla de la Reina y Palomas. Mientras mis compañeros Gabriel y Miguel documentaban la posición, yo no podía dejar de pensar en quienes ocuparon esta vanguardia.

Esta fotografía es un testimonio mudo, pero elocuente, de la violencia que transformó la paz de estas tierras en octubre de 1936. Lo que observamos no es una simple construcción agrícola, sino el esqueleto de una posición de vanguardia que aguantó el peso del primer contacto bélico en el Valle de la Serena.

Hay paredes que dejan de ser arquitectura para convertirse en archivo. Esta fachada trasera del Cortijo de Tamburrero es una de ellas. Al acercarnos, el blanco desgastado del cal nos revela una historia escrita a base de plomo y resistencia.

Aquí, en lo que fue la primera línea del frente, la cotidianidad del jornalero fue sustituida bruscamente por la urgencia del soldado. Las troneras que vemos perforando el muro fueron el último parapeto para aquellos milicianos, muchos de ellos jóvenes de Don Benito, que se vieron sorprendidos por el avance de las tropas franquistas en aquel otoño de confusión.

Cada impacto en la piedra cuenta un segundo de aquel ataque del 10 de octubre. Es estremecedor pensar en el estruendo de los disparos rebotando en este patio, contrastando con el silencio absoluto que hoy envuelve la finca. Este muro no solo separaba el interior del exterior; separaba la vida de la muerte en una zona que, hasta ese momento, se consideraba erróneamente una "tierra de nadie".

Hoy, gracias a la labor de documentación y a testimonios como los de Jerónimo y Rafael, estas piedras dejan de ser escombros para ser memoria viva de un frente olvidado que, por fin, recupera su lugar en la historia.

Ya en el patio del cortijo, Jerónimo nos mostró un hallazgo sorprendente: un nido de ametralladora (fortín) convertido hoy en perrera. Es una de esas ironías de la historia: un refugio diseñado para la guerra que hoy sirve para un fin mucho más noble.


El secreto bajo el suelo: Jerónimo guarda un relato fascinante heredado de sus antepasados, quienes fueron jornaleros del cortijo. Cuentan que la entrada al edificio se hacía a través de un túnel que llegaba hasta el mismo comedor. El trasiego de personas en aquel entonces era tal que su abuelo nunca olvidó la impresión de ver a tantos hombres concentrados en un lugar tan remoto.

Contexto de la posición (octubre de 1936)

Tras el caos inicial del levantamiento, el frente se estabilizó al oeste del valle de La Serena. El Cortijo de Tamburrero se convirtió en un baluarte republicano, defendido por milicianos bajo el mando de un joven de Don Benito.

  • Tierra de nadie: El área al oeste de Tamburrero se consideraba una zona muerta, sin aparente valor estratégico debido a las malas comunicaciones.
  • El ataque: La calma se rompió el 10 de octubre de 1936 (el 12 de octubre según el diario del 1.er Batallón de Castilla). Los franquistas lanzaron una ofensiva por sorpresa, obligando a los milicianos a evacuar, aunque el frente se restablecería poco después con la llegada de refuerzos.
  • Fuerzas implicadas: En el asalto participaron el 1.° y el 5.° batallón del Regimiento Castilla.

Referencia bibliográfica: Tropas en un frente olvidado, de José Hinojosa Durán.

José Pecero Merchán (El artículo originalmente se publicó el 19-12-2011), siendo ampliado el 04/02/2026. Al incorporar fotos de la trasera del corijo con troneras e impactos de balas en las paredes.

Reflexión final: La importancia de la palabra viva

Este viaje a Tamburrero me ha recordado que la historia no solo se escribe con partes de guerra y mapas de situación. Los documentos nos dan las fechas y las unidades, pero son personas como Jerónimo y Rafael quienes nos devuelven la dimensión humana del conflicto.

Sin el testimonio oral, el túnel que llegaba al comedor o la impresión de los jornaleros ante la masa de soldados serían datos perdidos para siempre. Rescatar estas historias antes de que se apaguen es una carrera contra el reloj; cada vez que un informante nos abre las puertas de su memoria, nos está entregando un tesoro que ningún archivo oficial puede replicar. Documentar el terreno es importante, pero escuchar a quienes lo habitan es, sencillamente, imprescindible.

José Pecero Merchán, investigador de la memoria histórica en Extremadura


Pepe Pecero





viernes, 12 de diciembre de 2025

Benquerencia de la Serena. El Eco de dos Guerras. Frente de Extremadura.

 ¡La historia nos aguarda en Benquerencia de la Serena, y esta vez, el eco es doble! Hoy, al adentrarme en la carpeta de este enclave monumental, mi atención ha sido, inevitablemente, secuestrada por la imponente silueta del castillo medieval. ¿Cómo ignorar su pétrea majestuosidad?

Sin embargo, en el vasto archivo de guerracivilenbadajoz.com, esta fortaleza ha solido aparecer como un mero telón de fondo. ¡Pero ya no más! Es hora de que emerja del anonimato su secreto más fascinante: el búnker observatorio y defensivo de fusilería que se anidó, casi simbióticamente, en sus históricas murallas.

Esta estructura del siglo XX, una cicatriz de la guerra civil española, no es un simple añadido; es un puesto estratégico que se apropia de una visión milenaria. Desde allí, el panorama de la Comarca de La Serena es, sencillamente, impresionante, un dominio territorial que quita el aliento.

Nuestro enfoque es la clave: la colisión de siglos. Imaginen la superposición de defensas: una fortaleza nacida en el siglo XIV para desafiar a la Edad Media, reutilizada y reforzada con hormigón en el siglo XX para librar la guerra moderna. Es un diálogo mudo entre espadas y fusiles, entre el caballero y el miliciano.

Las imágenes que atesoramos datan, en su mayoría, de 2009 —aunque el lugar nos ha llamado a realizar más visitas en los años sucesivos—, capturando esta increíble yuxtaposición.

Un solo lugar, dos épocas, un mismo grito de resistencia. ¡Preparaos para que este contraste os llegue a lo más profundo!

«Texto original e investigación fotográfica y documental de José Pecero. Se ha empleado asistencia de IA únicamente para la revisión ortotipografía y mejora de la redacción.»



 El Castillo de Benquerencia de la Serena es principalmente una fortaleza del siglo XIV, aunque tiene un origen musulmán; fue conquistado por Fernando III en 1236 y entregado a la Orden de Alcántara, y se le hicieron reformas sucesivas hasta finales del siglo XVII.

Función táctica del búnker

  • Puesto de Observación y Fuego (Fusilería/Ametralladora): El búnker construido en la muralla no es una simple posición para un único tirador, sino un puesto fortificado de observación (observatorio) y de fuego de fusilería o ametralladora (defensivo). Su ubicación le otorga un campo de tiro y visión inigualable sobre la planicie de La Serena que se extiende hacia el norte y el este, donde se situaban las líneas republicanas tras el cierre de la bolsa.

  • Control del territorio: Al integrarse en una estructura medieval, la posición garantizaba el máximo dominio visual sobre las vías de comunicación y los movimientos de tropas en el llano. Esto era esencial para la logística y la alerta temprana en una zona que, si bien estaba “asegurada” por los franquistas, permanecía tensa hasta el final de la guerra. La atalaya medieval pasó a ser el punto de mira de la guerra moderna.



  • Diseño: A diferencia de los búnkeres lobulados que se encuentran cerca del río Zújar (construidos para campos de tiro más amplios), la estructura de Benquerencia es un añadido que aprovecha la masa y la altura preexistentes del castillo. Este diseño minimalista subraya la urgencia y la economía de medios para establecer un puesto de observación y tiro rápido, esencial para completar la línea del frente.



El mapa, titulado “EJÉRCITO DEL CENTRO, E.M. 2.ª SECCIÓN, Situación de las unidades enemigas del frente de Lújar en 31-8-1938”, muestra la disposición de las unidades militares (Brigadas Mixtas o B.M.) del ejército republicano (el “enemigo” desde la perspectiva del Ejército del Centro franquista que elaboró el mapa) después del cierre de la Bolsa de la Serena.

La línea de frente, marcada por la distribución de las unidades, se presenta como un amplio semicírculo o arco que se extiende principalmente en las provincias de Badajoz y Ciudad Real (zona de Lújar/Cabeza del Buey) y puede describirse de la siguiente manera, yendo de oeste a este:

  • Sector Occidental (Campanario / Orellana):
    • La línea comienza cerca del Río Guadiana y la zona de Orellana la Vieja.
    • Se localiza la B.M. 52 cerca de Campanario.
    • La línea de frente avanza hacia el sureste con la presencia de la B.M. 58 (y las unidades 107 B.M. y 6 B.M. al norte de ella, quizás en segunda línea o retirándose).
  • Sector Central (Oeste de Cabeza del Buey):
    • Continúa hacia el este, pasando al sur de la Sierra de la Rinconada y del Rebollo.
    • Se encuentra la B.M. 125 en una posición central.
  • Sector Oriental (Cabeza del Buey / Lújar):
    • La línea se curva hacia el sur, formando una especie de saliente o defensa concentrada alrededor de Cabeza del Buey y la zona de Lújar.
    • Esta es la parte más densamente ocupada por unidades: B.M. 103, B.M. 56, B.M. 158, B.M. 188, B.M. 189 y B.M. 43.
    • Al sur de Cabeza del Buey, se observa la 52.ª Div. (191.ª-192.ª), indicando la presencia de una división completa en reserva o defensa.
  • Sector Noreste (Norte de Cabeza del Buey / Siruela):
    • La línea se extiende hacia el norte, cruzando el río, con la B.M. 81.
    • Más al norte, en la zona de Puebla de Alcocer y Siruela, hay unidades dispersas y algunas sin localizar (Sin localizar, Sin localizar):
      • B.M. 32, B.M. 60, B.M. 70, B.M. 79, B.M. 92, B.M. 229, B.M. 230, B.M. 248. Muchas de estas aparecen agrupadas y algunas marcadas con interrogaciones y letras (A, B, C, S) indicando confusión o unidades de nueva creación/reorganización tras la batalla.
    • En el extremo norte, cerca de Talarrubias, se indican la B.M. 75 y B.M. 166.

En resumen, la línea de frente muestra una posición defensiva republicana establecida tras la ofensiva franquista del mes de agosto (cierre de la Bolsa de la Serena), concentrada y con mayor densidad de unidades alrededor de los núcleos de Lújar y Cabeza del Buey, extendiéndose en un arco desde el Río Guadiana al oeste hasta la zona norte de Siruela y Talarrubias, indicando que el control franquista ha avanzado significativamente hacia el este.



El castillo mantuvo valor estratégico en la Guerra Civil debido a su dominio visual del territorio y su proximidad a los aeródromos y frentes de La Serena, lo que explica que se invirtiera en esta obra moderna sobre una estructura medieval casi arruinada.La
La casamata habría servido como punto de observación avanzada para artillería y vigilancia, enlazando visualmente con otros cerros y posiciones defensivas de la comarca, encajando en la red de fortificaciones que se levantan en La Serena durante el conflicto.​

I. El golpe inicial y el colapso republicano (del 20 al 24 de julio)

El asalto franquista, ordenado por Queipo de Llano, se inició el 20 de julio de 1938 con un ataque coordinado:

  1. Avance convergente: Las tropas nacionales (Divisiones 74, 11 y 19, más la 122) atacaron desde el norte y el sureste (cruzando el Zújar).

  2. Ruptura del frente: El avance fue fulminante, rompiendo líneas republicanas en el río Ruecas (I Brigada de la 11.ª División) y en el Zújar.

  3. Objetivos clave tomados: La caída de Monterrubio (22 de julio) y, sobre todo, de Castuera (23 de julio), el nudo de comunicaciones vital, desmembró la capacidad de defensa del Ejército Popular.

  4. Cierre de la Bolsa: La ofensiva culminó el 24 de julio con la toma de Campanario y Magacela, lo que selló el cerco. Miles de soldados republicanos quedaron “embolsados” y se inició una brutal fase de “limpieza” de la zona por la División 21, así como un éxodo masivo de población civil (incluyendo los dirigentes de Benquerencia), que huían hacia Almorchón y tierras manchegas.

II. La Resistencia y el Contraataque Republicano (Agosto 1938)

Tras el colapso inicial, el mando republicano (General Miaja, Coronel Burillo, Coronel Prada) reaccionó reorganizando sus fuerzas y planificando una contraofensiva:

  1. Reorganización: Se intentó crear una reserva fuerte (División Zújar) para defender el nudo ferroviario de Almorchón (20 de julio).

  2. Llegada de refuerzos: A partir del 16 de agosto, el Ejército Popular de Extremadura recibió refuerzos vitales procedentes del Frente de Levante (Divisiones 71, 28 y 52).

  3. Contraataque planificado: El 22 de agosto, el coronel Prada ordena un contraataque ambicioso con objetivos claros: envolver el saliente nacional de Cabeza del Buey, retomar Castuera y pasar el río Zújar. El plan implicaba que la División 19 se estableciera en las sierras de Castuera y, notablemente, de Benquerencia.

  4. Avance temporal: El avance fue inicialmente exitoso (23-24 de agosto), logrando que las fuerzas nacionales (112 y 122) retrocedieran hasta una línea defensiva que iba de Almorchón a Castuera. Los nacionales se hicieron fuertes en las sierras de Benquerencia, Buitrera y Tiros (25 de agosto), recibiendo refuerzos cruciales desde el frente del Ebro.

III. Estabilización del frente y guerra de desgaste (septiembre-octubre 1938)

A principios de septiembre, a pesar de los esfuerzos republicanos, la línea del frente se estabilizó:

  1. Frente estabilizado: Para el 15 de septiembre, el frente quedó consolidado en cuatro sectores, manteniendo los nacionales en su poder el crucial saliente de Cabeza del Buey.

  2. Victoria Estratégica Nacional: Aunque el avance republicano detuvo la segunda ofensiva franquista, el objetivo principal nacional se había logrado: la "Bolsa de La Serena" fue cerrada, asegurando una vastísima porción de Extremadura.

  3. Guerra de guerrillas: La actividad se mantuvo en forma de guerrillas en las sierras de Tiros y La Serena (14 de octubre), formadas por soldados embolsados y campesinos de la zona, una evidencia de la brutalidad de la “limpieza” nacional.

IV. Epílogo: El intento de Valsequillo (enero 1939)

El último gran esfuerzo republicano en Extremadura se produjo el 5 de enero de 1939 (Ofensiva de Valsequillo/Peñarroya). A pesar de un avance inicial, el contexto desesperado en Cataluña y los refuerzos masivos enviados por Queipo de Llano (80.000 hombres en el eje Castuera-Monterrubio) paralizaron la operación, que ya era estratégicamente inútil.

En resumen, Benquerencia de la Serena no es un mero escenario; es un punto táctico elevado (como evidencia el búnker que nos ocupa) que formó parte de la última y más sangrienta línea de defensa franquista, tras asegurar el colapso del frente republicano en la comarca de La Serena.

José Pecero Merchán.
He contado con la ayuda de herramientas de IA para la corrección gramatical de este artículo.

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