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martes, 17 de febrero de 2026

Valle de la Serena. La Zamarrilla: Segunda línea de defensa republicana. Frente de Extremadura.

 

Hay hallazgos que no se buscan, sino que te encuentran. A veces, uno revisa carpetas que han dormido durante casi dos décadas —concretamente desde aquel mayo de 2008, en plena Semana Santa— y se topa con un tesoro documental que todavía no ha pisado la red. Hoy abrimos esos archivos para descubrir una posición que, hasta ahora, permanecía en la penumbra de lo no publicado: la posición republicana de La Zamarrilla.
¿Por qué ahora?
Han pasado casi 18 años desde que ese reportaje fotográfico se realizó por pura suerte, como quien encuentra una mina de oro histórica. Me sigue sorprendiendo el silencio de estas posiciones y, por eso, es el momento de sacarlas de las carpetas olvidadas. Las imágenes que acompañan este texto son un estreno absoluto; testimonios visuales de una arquitectura de guerra que se resiste a desaparecer entre las jaras.
Para entender las fotos que estás a punto de ver, hay que mirar el mapa de 1938. La Zamarrilla no era un puesto de observación aislado; era un "seguro de vida" para el despliegue republicano en la región.
El Saliente de la Serena: Un frente "congelado"
Durante casi dos años, el frente de Extremadura se mantuvo relativamente estable. La Bolsa de La Serena era un enorme saliente republicano que se adentraba en territorio controlado por el bando sublevado, amenazando las comunicaciones entre el norte y el sur de la península. La Zamarrilla formaba parte de esa segunda línea de defensa diseñada para absorber cualquier impacto si la primera línea cedía.

 
Este tipo de fortificaciones suele formar parte de sistemas de trincheras más amplios. Si exploras los alrededores, es probable que encuentres depresiones en el terreno que conecten con esta posición.
La arquitectura del "Peto y Espalda"
Lo que verás en las imágenes de este reportaje es una técnica constructiva de una solidez asombrosa. Al estar fortificada con piedra tanto adelante como atrás, la posición de La Zamarrilla ofrecía:
  • Protección contra el flanqueo: Si el enemigo lograba infiltrarse, los soldados tenían un parapeto trasero donde cubrirse.
  • Resistencia al "barrido" artillero: La densidad de la piedra del Valle permitía que las trincheras no se desmoronaran bajo el fuego de las baterías rebeldes.
Este tipo de fortificaciones suele formar parte de sistemas de trincheras más amplios. Si exploras los alrededores, es probable que encuentres depresiones en el terreno que conecten con esta posición.

Muestra una estructura defensiva de hormigón integrada en el terreno, que presenta características típicas de un nido de ametralladoras o búnker de vigilancia, posiblemente en estado inacabado o parcialmente enterrado por el paso del tiempo.
Se observa un bloque de hormigón armado o masa que sobresale del terreno. Su ubicación en una zona elevada sugiere un propósito de control visual sobre el valle o la ladera inferior.
La estructura carece de un acabado refinado y parece fundirse con el suelo de tierra y grava circundante. El hecho de que no haya muros laterales visibles o un techo completo sugiere que:
  1. La construcción quedó ininterrumpida.
  2. Es un diseño de perfil bajo destinado a ser cubierto con sacos de tierra o camuflaje natural. 


Este tipo de construcciones son vestigios típicos de frentes estabilizados, donde las comunicaciones debían realizarse a cubierto del fuego enemigo. Por el tipo de terreno y construcción, es muy probable que forme parte de los mismos restos defensivos de la imagen anterior.
En esta toma se aprecia con mayor claridad la técnica constructiva y la escala de la trinchera o "sinfín":
  • Técnica de piedra seca: Se confirma el uso de mampostería en seco (piedra sobre piedra sin argamasa), una técnica tradicional que en contextos bélicos permitía levantar muros funcionales con rapidez.
  • Referencia de escala: La persona en el centro nos da una idea clara de la profundidad actual. Aunque hoy apenas llega a la rodilla, es probable que originalmente fuera más profunda o estuviera reforzada con parapetos de sacos terreros que han desaparecido.
  • Función de comunicación: El trazado serpenteante no es casual; este diseño en "zigzag" servía para que, en caso de que un proyectil cayera dentro o un enemigo tomara un sector, la onda expansiva o el fuego directo no recorrieran toda la línea.
Esta foto es la "clave" para entender el conjunto, ya que muestra el objetivo de las defensas:
  • El Núcleo Defensivo: Al fondo, en la cima del cerro, se observan las ruinas de una edificación de gran tamaño. Por su posición dominante, podría haber sido un cortijo fortificado o un puesto de mando.
  • Líneas de cintura: Se ve claramente cómo el sinfín rodea la elevación, creando un perímetro defensivo que obligaba a cualquier atacante a avanzar cuesta arriba mientras era expuesto desde las posiciones superiores.
  • Terreno hostil: La presencia de afloramientos rocosos y suelo granítico explica por qué se optó por construir muros de piedra hacia arriba en lugar de excavar profundamente en el suelo, que sería extremadamente duro.


El cierre de la bolsa: El principio del fin
En julio de 1938, el bando nacional lanzó una ofensiva coordinada desde varios puntos para "estrangular" este saliente. Es lo que históricamente conocemos como el Cierre de la Bolsa de La Serena.
  • Desde La Zamarrilla se podía "sentir" el cierre de las tenazas.
  • Al caer las posiciones de vanguardia, esta segunda línea se convirtió en el último refugio antes de la retirada general hacia el Zújar.
  • Las fotografías de 2008 captan el estado de unos muros que, en julio del 38, vieron pasar a miles de hombres en una de las maniobras más rápidas y decisivas de toda la guerra en suelo extremeño.
Un archivo que sobrevive al olvido
Lo más valioso de este reportaje que recuperamos hoy es que muchas de estas estructuras han sufrido el paso de la erosión y el expolio en los últimos 20 años. Las fotos de aquel mayo de 2008 son, en muchos casos, la última prueba fiel de cómo era la disposición exacta de los nidos de ametralladora y los abrigos de tropa antes de que el tiempo siguiera haciendo su trabajo. 

 José Pecero Merchán.
Memorándum:
La Guerra Civil, como en muchos otros pueblos de la comarca, fue cruel, cobrándose un centenar de víctimas. Siendo destacable la permanencia de la línea divisoria del territorio republicano frente al nacional en nuestro término. Cabe destacar las batallas en las zonas de Tamburrero y Los Argallanes. En esta época se perdió también el rico patrimonio artístico de la iglesia parroquial.
Tras la ocupación de Valle de la Serena durante el cierre de “la bolsa de la Serena”, a finales de julio de 1938 se empezó a detener a las personas que habían tenido algún tipo de relación con la causa republicana y los partidos de izquierda. El 11 de agosto de 1938 ocurrió el 1.° fusilamiento, asesinando al último alcalde republicano y a otras personas vinculadas con dicha alcaldía. El 17 de septiembre se produjo el 2.° fusilamiento. Con el final de la guerra y la llegada de vecinos desde la zona derrotada “Campo Rojo”, se sucedieron las detenciones; pasados algunos días, se volvieron a producir los fusilamientos, en mayo los días 8 y 11 y finalmente el 9 de junio.
El primer pueblo que en Extremadura lleva a cabo las exhumaciones de las víctimas de la represión es el Valle de la Serena. En este pueblo hay dos momentos: uno por pura iniciativa ciudadana, marzo del año 1979, aun con un ayuntamiento franquista, y otro, el segundo, ya con el apoyo del nuevo ayuntamiento democrático, a partir de abril, cuando el socialista Emilio Cabezas Acedo toma posesión de la alcaldía. El Valle de la Serena es un pueblo que nunca tuvo cruz de caídos del llamado bando nacional. Aquí la memoria estaba intacta. Pudieron reconstruir el listado completo por grupos con la fecha exacta del fusilamiento de cada uno. Existían cuatro lugares donde se produjeron los enterramientos y la posterior inhumación de los cuerpos.
Fueron las propias familias de las víctimas las que decidieron exhumarlos, rescatarlos, devolver al pueblo su memoria y dignamente darles la sepultura que sus verdugos les negaron. La memoria estaba intacta, silenciada, pero intacta. Se levantó un mausoleo con cuatro caras y en cada una un listado de las víctimas bajo cuatro leyendas. Los mensajes, como antes decíamos, no transmiten ni rencores ni venganzas, transmiten reconciliación y justicia; simplemente se trata de la restitución de la memoria histórica. Este es uno de tantos ejemplos que pudiéramos poner para que se entienda un poco más el sentimiento que inspiró aquellas exhumaciones, que es el mismo que inspira las que se hacen ahora, eso que muchos se niegan a entender. No se trata de abrir heridas, se trata de cerrarlas; no se trata de despertar odios, se trata de amortiguar amarguras viejas que impiden visiones nuevas; no se trata de interesadas maniobras políticas, se trata de atender una demanda ciudadana, se trata de cumplir con algo que debiera quedar fuera de toda discusión. En una democracia no puede haber víctimas de una dictadura esparcidas por los campos y cunetas. Sirvan, pues, como ejemplo de todo lo dicho anteriormente, los mensajes que en el Valle de la Serena se pusieron en las cuatro caras del panteón que por fin acogió a las víctimas de la represión, un pueblo donde el bando vencedor no tuvo víctimas.
RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA EN
EXTREMADURA: INVESTIGACIÓN, LOCALIZACIÓN Y
EXHUMACIÓN DE FOSAS





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